lunes, 21 de mayo de 2012

¡No descuides tu propia viña!

“Me pusieron a cuidar las viñas, ¡y mi propia viña descuidé!” Cantares 1:6b

La parábola del Buen Samaritano tiene grandes enseñanzas. En muchas ocasiones he predicado de este pasaje en diferentes iglesias, pero nunca desde el punto de vista que voy a compartirles.

Estaba en una iglesia en Miami, Florida, predicando sobre este pasaje. Lo había enfocado en estimular a la congregación a actuar como el Buen Samaritano. Al terminar, el pastor me pidió que despidiera el servicio mientras él se iba a la puerta a saludar a los hermanos.
Al bajar del altar noté que la esposa del pastor estaba todavía sentada y llorando. Me acerqué a ella y le pregunté si necesitaba que orara por ella. Ella me dijo entre sollozos que la palabra le había impactado y me comentó: “Pastor Daniel, hoy en su mensaje descubrí quién es mi esposo.” No entendía lo que me estaba tratando de decir y le pregunté cómo es que había descubierto quién era su esposo. Me contestó: ...


“Mi esposo, el pastor de esta iglesia, es el buen samaritano de la congregación, pero para mí es el sacerdote que pasó de largo.” Entonces me dijo: “Yo necesito que este martes usted nos visite. Le diré a mi esposo que no haremos visita el martes, pues usted nos estará visitando.”
Ese martes llegué a la casa del pastor. Él me recibió sorprendido y su esposa me pidió que nos sentáramos a la mesa. Entonces, ella le explicó por qué yo estaba allí. Ella le dijo: “Necesito hablar contigo, necesito abrir mi corazón.” Le contó lo que le pasó en el servicio del domingo.
“Descubrí que en realidad tú eres el Buen Samaritano de la congregación. Te desvives por ayudar y entender a los hermanos. Vives pendiente a sus necesidades para suplirlas. Pero, para mí que soy tu esposa, eres el sacerdote o el levita que pasó de largo ante aquel que estaba necesitado junto al camino. Así me siento yo en relación a ti. Estoy cansada de sentirme abandonada por ti. Tú eres el pastor de esta congregación, pero yo no tengo pastor, yo quisiera que tú fueras mi pastor.
Pero eres mi esposo. Tratas a los hermanos con mucha ternura. Si una hermana va a dirigir el culto y te llama que no se siente bien, tú le dices: No se preocupe hermanita, yo lo dirijo, pero si yo te digo que no me siento bien me dices: Tú tienes que ir por que eres la esposa del pastor. Sabes, para mí eres el sacerdote que está pasando de largo ante las necesidades de tu propia familia. Tú solo tienes tiempo para la iglesia y nunca para nosotros. Tus hijos te necesitan y yo te necesito. Tus hijos te necesitan como papá y yo te necesito como esposo.”
El pastor le dijo: “Perdóname, no me había dado cuenta que te estaba dejando sola. Que estaba pasando por alto tus necesidades, te prometo que cambiaré.” Aquella noche se abrazaron y el pastor se dispuso a no pasar por alto las necesidades de su familia. Oré por ellos y me despedí.
Salí de allí impactado y a la misma vez preocupado. Mientras conducía mi automóvil de regreso a casa me preguntaba: “¿Cuál sería yo en mi casa, el buen samaritano, el levita o el sacerdote?”
Decidí reunirme con mi esposa y mis hijos. Le dediqué un día a cada uno. Le hice la historia y les pregunté cuál de ellos era yo para ellos. Les pregunté si yo había pasado de largo alguna de sus necesidades. Tanto mi esposa, como algunos de mis hijos me dijeron que hubo ocasiones en que sí se habían sentido que yo había pasado de largo. Les pedí perdón y desde entonces me he propuesto estar más atento a sus necesidades.
Esto me sirvió para conocer el estado de mis propias ovejas, como dice Proverbios 27:23: “Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas y mira con cuidado por tus rebaños.”
Mi esposa y hijos me lo agradecieron y hoy son los primeros que me apoyan con gozo en el ministerio. He llegado a conocer el estado de mis ovejas y a mirar con cuidado por mis rebaños.
Pregúntale a los tuyos y quizás te sorprenderás de sus respuestas. Tu esposa o esposo te necesitan amado pastor(a) y tus hijos también. Decídete a no pasar de largo ante sus necesidades. Recuerda, no descuides tu propia viña.

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Articulo tomado del Blog Liderazgo Pastoral y escrito por el Pastor Daniel Morales.

Por el Pastor Daniel Morales, (danny.40@comcast.net) y su esposa Frances son de Puerto Rico, ministros de la Asociación Bíblica y Misionera de Puerto Rico. En 1975 inauguraron la escuela básica Eben Ezer, un Instituto Bíblico y establecieron 13 iglesias. Hacen 28 años que residen en la ciudad de Pompano Beach, Florida. El pastor Danny fue director asociado de Juventud para Cristo por 10 años. Ha continuado su labor misionera en Honduras llevando brigadas médicos, grupos voluntarios, construyendo Iglesias, escuelas, y comedores.

domingo, 8 de abril de 2012

Aprendiendo con el Catecismo Menor de Westminster 2

westminsterassembly 
Pregunta 2: ¿Qué regla ha dado Dios para enseñarnos cómo hemos de glorificarle y gozar de él?
Respuesta: La palabra de Dios que se contiene en las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, es la única regla que ha dado Dios para enseñarnos cómo hemos de glorificarle y gozar de él.

Referencias Bíblicas:
2 Ti. 3.16: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia».
Ef 2.20: «[…] edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo».
Jn. 15.11: «Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido».
Hch. 17.11:«Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así».
Ti. 3.15-17: «…y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir,
para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra».
1 Jn 1.3-4: «Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el padre y con su hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido».

Reflexión:
El sentido de la palabra “regla” es de dirección u orden; comprende la idea de un camino recto por el cual el hombre puede llegar a un fin. ¿Cuál es la necesidad de esta regla? Esta es “necesaria porque el hombre necesita de un padrón objetivo por la cual modelar su vida. La Palabra de Dios, como su regla, debe de ser la autoridad máxima en la vida de una persona” (L. T. V. Horn). Recordemos el principio de la Reforma Sola Scriptura, si colocamos otro paradigma (sea lideres, o nuestra experiencia, o nuestro juicio, tradición o cualquier otra osa) como regla para interpretar la Palabra, esta regla será autoridad sobre la regla de Dios. La Biblia explica a la propia Biblia. Toda construcción teológica o doctrinaria debe de estar sumisa a su autoridad y nunca puede contradecirla.

La Biblia no contiene la Palabra de Dios, ella es la Palabra de Dios. Ella no se torna la Palabra de Dios cuando entra en el corazón del hombre, ella es la Palabra de Dios íntegramente. Así, “la Biblia es la Palabra de Dios tanto en su contenido cuanto en su forma, de modo que nada hay en ella que Dios no quisiera que este, e inversamente, ella contiene todo lo que el Señor quisiera que ella contenga” (L.T.V.Horn). El liberalismo teológico fue quien la interpreto y trajo nuevamente la máxima romana medieval “contiene la palabra de Dios”.

Debemos de tener en cuenta lo siguiente, todos nosotros, que nos llamamos cristianos creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, afirmación aceptada por fe por el propio testimonio de la Palabra y del Espíritu Santo en nuestros corazones. Hasta ahí perfecto. Pero, ¿nos hemos sometido a ella? ¿vivimos como ella manda que vivamos? ¿pravcticamos lo que cfreemos? ¿Esto es posible o es una contradicción de términos? ¿Podemos ser llamados de cristianos y no ser practicantes de la Palabra?

La fe en la verdad, una ortodoxia doctrinaria es completamente sin efecto si no es acompañada de una ortopraxia. De nada sirve que nos levantemos contra las desviaciones doctrinarias de las sectas con sus apostatas si no tenemos el mismo sentimiento de rebelión contra nosotros mismos cada vez que desobedecemos la Palabra. ¿Por lo menos hemos hecho este examen?

Puntos que deben de motivar una reflexión:
  • ¿Hemos tenido una alta consideración por el registro que el propio Dios nos dejara, para conocerlo, conocernos a nosotros mismos y lo que exige de nosotros (pregunta 3 del Catecismo Menor)?
  • ¿Consideramos los dos testamentos como un único libro o despreciamos el Antiguo Testamento?
  • ¿Qué nos hace defender una convicción en una disputa teológica/practica, la tradición o la Palabra? ¿nuestro cariño a una doctrina o la Palabra en su totalidad? ¿nuestro humanismo o la Palabra? ¿la palaba de la mayoría (Vox populi) o la Palabra de Dios (Vox Dei)?
  • ¿Cuál perspectiva se ha mostrado como la más adecuada en cuando a tu aproximación de la Palabra de Dios como regla para su glorificación: el Principio Normalizador (lo que ella no prohíbe puede ser hecho) o el Principio Regulador (lo que ella prohíbe no puede ser hecho, tanto como lo que ella no autoriza expresamente)?
  • ¿Hemos podido asociar la creencia con la práctica? ¿o nuestra doctrina es divorciada de nuestra práctica?
Que podamos ver a Dios hablándonos por la escritura en su totalidad, AT y NT; y que podamos someternos incondicionalmente, en temor y amor, siendo orientados por el propio Dios, a través del Espíritu Santo por medio de sus Testamentos.

Fuentes:  HORN, Leonard, T. Van – Estudos No Breve Catecismo De Westminster – Editora Puritanos; Catecismo Maior de Westminster Comentado por Johannes Geerbardus Vos – Editora Puritanos; Catecismo Maior de Westminster – Editora Cultura Cristã.
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Articulo traducido del portugués del Blog ECCLESIA Semper REFORMADA ES de Alberto M. de Oliveira.

sábado, 17 de marzo de 2012

Aprendiendo con el Catecismo Menor de Westminster 1

assembleia de westminster

Pregunta 1: ¿Cuál es el fin principal del hombre?
Respuesta: El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios, y gozar de él para siempre.
Referencias Bíblicas:
  • Salmo 73.25-28: “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán; Tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta. Pero en cuanto a mi, el acercarme a Dios es el bien; He puesto en Jehová el Señor mi esperanza, Para contar todas tus obras”.
  • Salmo 144.15: “Bienaventurado el pueblo que tiene esto; bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová”.
  • Isaías 12.2: “He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, a quien ha sido salvación para mí”.
  • Lucas 2.10: «Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo”
  • 1 Corintios 10:31: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.”
  • Romanos 11:36: “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.”
  • Apocalipsis 4:11: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.”
Reflexión:
El significado de la palabra “fin” es el indicarnos el propósito para el cual existimos, la intensión de Dios al habernos creado. Es calificada por la palabra “principal”, o sea, existen otros propósitos en esta vida, mas todos deben de ser para la Gloria de Dios. La propia salvación no es un fin en si misma, siendo un propósito secundario, ya que el propio propósito de la salvación es glorificar a Dios. El Catecismo Menor no comienza hablando de la salvación del hombre, en vez de ello habla de la preocupación primaria que es estar al servicio del Dios soberano. J.B. Green lo resume diciendo que el deber del hombre es “glorificar a Dios” y su destino es “gozarlo”.
Una cuestión siempre martilló en la mente de toda la sociedad: ¿por qué y para qué estamos aquí? El fin supremo del ser humano no es ni buscar su felicidad, ni mucho menos buscar el bien para la mayoría. Ambos son pensamientos humanistas antropocéntricos orientados hacia el propio ser humano. En el primer caso, la verdadera felicidad solo es encontrada conociendo, glorificando y gozando a Dios –como consecuencia de este proceso. En la segunda suposición (oriunda del liberalismo teológico) pone a la felicidad del individuo como consecuencia de la felicidad de grupo – basada en la idea pagana de que “el hombre es la medida de las cosas”: Dios es la única medida, y solo cuando Él es exaltado, es que encontramos – en Él – nuestra “funcionalidad” y felicidad.
Sobre la gloria de Dios, Calvino dice que “la gloria de Dios es cuando sabemos lo que Él es”. Nosotros lo glorificamos cuando no buscamos nuestra propia gloria. Agustín en sus Confesiones (I.1) dice: “nos hiciste Señor para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que encuentre reposo en Ti”. Recibimos capacidades de Dios, y debemos usarlas para Su gloria. Este servicio debe venir del corazón y no debe de ser realizado como una obligación.
Glorificar a Dios y después gozarlo, es servir al propósito para el cual fuimos creados. De ahí viene la felicidad, pues servir conscientemente al propósito para el cual Dios nos creo, es la gloria del hombre. Mas, solo podemos glorificar lo que conocemos (conforme reflexionaremos en las próximas preguntas del Catecismo).
¿Por qué Glorificar esta antes de Gozar? Porque no es Dios quien existe para el hombre, antes, es el hombre que existe para Dios. Gozar a Dios está estrictamente subordinado (unido y sumiso) a glorificar a Dios. Ello es totalmente lo opuesto de lo que el “evangelio utilitarista” predica – donde transforman al Creado y Señor en un ídolo a der agradado con cosas y donde se le exige que cumpla con su obligación de darnos placer. Ello no es cristianismo, es, en la mejor de las hipótesis, paganismo.
Glorificar y gozar de Dios son cosas bastante diferentes de lo que se predica desde los pulpitos en la mayoría de las iglesias hoy en día. Recordemos lo que escribió el obispo R.C.Ryle: “¿Dónde será que esta la negación del yo, la remisión del tiempo, la ausencia de lujos y de la gratificación propia; el alejamiento inconfundible de las cosas del mundo, la apariencia de estar siempre preocupado con los negocios del Maestro, la coherencia de visión, el alto nivel de la conversación, la paciencia, la humildad que tanto nos distingue de nuestros antecesores?
Podemos asociar: “Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre”(Salmo 16:11).  La alegría que proviene de Dios, se origina de un relación correcta con Dios. Debemos de tener la posición del Salmo 42: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;…” (Salmo 42:1-2a).
Los temas por lo que debemos reflexionar son:
  • ¿Hemos glorificado a Dios en todo?
  • ¿Comemos, bebemos o cualquier otra cosas que hagamos lo hacemos para la gloria de Dios?
  • ¿Tenemos una visión escatológica bíblicamente fundamentada de que estaremos con Cristo, disfrutando de su gloria?
  • ¿Aspiramos a ello? ¿O nos deleitamos en los placeres efímeros, pegándonos a lo transitoriamente frágil y corrupto, uniéndonos más a la creación de que al creado?
  • ¿Sabemos tener un equilibrio al disfrutar de las cosas creadas –para la gloria de Quien las creo, sin llegar a ser mundanos? ¿O despreciamos lo que el Señor santifico por nuestra causa, viviendo en “guetos góspel”[i] una vida monástica moderna y dualista, tentando ser mas santos que aquel que santifica?
  • ¿Sabemos glorificar a Dios en el dolor de la miseria? ¿O en el dolor somos llorones, colocando el rostro de victimas?
  • ¿Sabemos glorificar a Dios en la alegría y en la abundancia? ¿ O cuando tenemos lo suficiente lo despreciamos ya que no necesitamos de su ayuda?
Que podamos emplear el tiempo en estudiar las Escrituras y aprender a vivir para la Gloria del Padre amoroso y digno, y nos reconfortaremos ansiando el día en que gozaremos la plenitud de Dios, encontrada en el rostro de Cristo eternamente.
Fuentes:
HORN, Leonard, T. Van – Estudios sobre el Catecismo Menor de Westminster – Editora Puritanos; 
Catecismo Mayor de Westminster Comentado por Johannes Geerbardus Vos – Editora Puritanos; 
Catecismo Menor de Westminster
Articulo traducido del portugués del Blog ECCLESIA Semper REFORMADA ES de Alberto M. de Oliveira.

[i] El autor hace referencia a la canción de Elton Jhon llamada “Gueto Gospel”

sábado, 25 de febrero de 2012

El Sexo y el Misterio del Matrimonio

clip_image002Por Tim Challies

La semana pasada compartí tres artículos titulados El Matrimonio la Imagen Perfecta. Esa serie dio una breve mirada a Efesios 5, y el gran misterio que es el matrimonio. Les mostré a partir de ese texto que el matrimonio es, y siempre ha sido, un retrato de Cristo y su iglesia. Pero al final de todo me quedé con una pregunta: ¿Cuál es el papel de la relación sexual en este gran misterio? Tuve que tomar una oportunidad para responder a esta pregunta en una conferencia reciente, y quiero compartirla hoy como yo lo entiendo.
Hemos establecido que el matrimonio es un retrato de Cristo y la iglesia y que tanto el marido como la esposa tienen un papel que desempeñar en este retrato. La mujer completa su parte, cuando alegremente se somete a la dirección de su marido y el marido termina su parte, cuando con alegría y con amor se entrega a su esposa. Pero, ¿cómo la relación sexual cabe en un buen diseño de Dios para el matrimonio? Voy a admitir desde el principio que la respuesta no es tan clara en la Escritura como podría haber esperado, pero voy a darle una oportunidad y esperar ansiosamente sus comentarios.
El Buen Diseño de Dios
Debería ser evidente que la Biblia no conoce ningún bien en el sexo fuera del matrimonio. En el amor Dios dice que dentro de los matrimonios el sexo debe disfrutarse y libremente y con regularidad, y en el amor Dios dice que fuera del matrimonio, el sexo de cualquier tipo está prohibido. ¿Por qué? Porque Dios diseñó el sexo para un propósito específico y ese objetivo sólo puede ser expresado en el matrimonio. Cualquier otra expresión de la sexualidad, ya sea adulterio o fornicación o cualquier tipo de sexo auto-centrado –todas estas cosas ignoran el plan de Dios para el sexo y lo reinterpretan de acuerdo con nuestros designios pecaminosos.
Para entender por qué Dios dice que el sexo debe existir sólo dentro del matrimonio, debemos mirar a la naturaleza del pacto de la relación matrimonial. El matrimonio es un pacto en el entran el esposo y la esposa, un pacto en el que se unen ante Dios y ante los demás y se hacen uno. No es el anillo o el vestido blanco o incluso la unión sexual lo que hace al matrimonio, sino el pacto (por lo que, en los viejos tiempos, los esponsales era considerados como matrimonio indisoluble). Mientras que el marido y la mujer, obviamente, siguen siendo dos personas, dos formas de vida independientes, ahora hay un sentido en que Dios los considera como una sola entidad. Cada uno es responsable del otro y se unió al otro hasta tal punto que de alguna manera misteriosa Dios ahora los ve como uno. En Efesios 5, Pablo continúa de regreso a Génesis 2, y recuerda al lector que “el hombre dejará a su padre y madre y se unirá a su esposa y los dos serán una sola carne.”
Una Sola Carne
Ahora Pablo estaba obviamente consciente de que esta palabra de “una sola carne” puede ser tomada literalmente y está destinada a ser tomada literalmente. Pero va más allá y muestra que el vínculo del matrimonio es más que una unión física; hay más para el matrimonio y más para la unión del marido y mujer que el sexo.
Yo entiendo que esto significa que está en el pacto del matrimonio que un esposo y esposa se unan como uno solo. El acto sexual físico es una señal de la unión, la consumación de la unión, y es algo que apunta a lo que los dos se han convertido cuando se unieron en un pacto ante Dios y ante los hombres. Es el componente físico que apunta una unión mucho mayor y mucho más profunda.
El Sacramento del Matrimonio
Me resulta útil pensar en el sexo como algo como un sacramento en el matrimonio (metafóricamente, por supuesto, yo uso la Cena del Señor como algo que estamos familiarizados con el fin de explicar algo que puede ser un poco menos familiarizado). Cualquiera sea la relación sexual, es más que una mera unión de la carne. Cualquiera sea la cena del Señor, es algo más que el comer y beber de una pequeña pieza de pan y un pequeño sorbo de vino. En ambos casos, es más que la suma de sus partes, más de lo que se ve desde el exterior.
En la Cena del Señor se toma el pan y el vino para proclamar que hemos sido salvados por Cristo, para proclamar que estamos en Cristo y para recibir su bendición. Es lo que llamamos "medios ordinarios de la gracia" a través del cual Cristo realmente nos alimenta de alguna manera misteriosa. Al participar en la Cena del Señor, declaramos: “Yo soy tuyo. Yo soy tuyo solamente.” El componente físico de la Cena del Señor es un símbolo tangible de una realidad mucho más espiritual.
En la relación sexual proclamamos con nuestra pareja que en verdad somos uno y declaramos nuestro amor y lealtad constante el uno al otro. Afirmamos que nos hemos dado el uno al otro de una manera total y completa. El sexo proclama, “Yo soy tuyo. Yo soy tuyo solamente. Estoy comprometido contigo hasta el fin.” Es un medio de la gracia ordinario del matrimonio a través del cual realmente fortalecemos nuestro matrimonio y nuestros lazos de amor.
Es aquí, en la cama del matrimonio que lo físico, emocional, sexual y lo espiritual se encuentran en una forma sin precedentes. Es aquí donde permitimos a nuestra pareja vernos en el contexto más profundo y más vulnerables. No hay nadie que deba vernos aquí y en esta manera. Aquí es donde nos exponemos al descubierto, en donde estamos desnudos y sin vergüenza en todo lo que somos. Aquí es donde dejamos de lado la pretensión y el amor propio en favor de la autenticidad y el servicio. Aquí es donde se expresa el tipo de compromiso con el otro que dice: “Estamos trabajando en este retrato en conjunto, y por la gracia de Dios, vamos a trabajar en él hasta el final.”
Si yo soy un incrédulo y tomo el pan y el vino, estoy diciendo que las cosas que son verdaderas de mí no son verdad, que soy cristiano, que pertenezco a Cristo, que soy parte de la familia de los cristianos que participan en la Cena del Señor conmigo. Declaro que estoy anunciando mi gozosa confianza en el regreso del Señor. Y si yo no soy cristiano, todo esto es una mentira. Estoy haciendo una burla de este medio de gracia y llamando al juicio de Dios sobre mí.
De la misma manera, si tengo relaciones sexuales con alguien que no es mi esposa, estoy diciendo que yo soy uno con ella, que yo estoy comprometido con ella hasta el final, que yo estoy dispuesto a dar mi vida por ella. Y sin embargo, porque no he pactado con ella en el matrimonio, no estoy realmente siendo uno con ella y estoy haciendo una burla del buen diseño de Dios para el sexo. De la misma manera, estoy llamado al juicio de Dios sobre mí.
Conclusión
Así, entonces, es como yo entiendo el sexo dentro del matrimonio. Es el componente físico y un recordatorio físico –celebración incluso– de una forma mucho más profunda de unión. Es una parte vital de un buen diseño de Dios para el matrimonio, que es, a su vez, una parte vital de un buen diseño de Dios de llamar a un pueblo para sí mismo.
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lunes, 13 de febrero de 2012

¿Es Usted Nacido de Nuevo?

de J.C.Ryle
¿Es usted nacido de nuevo?  Esta es una de las preguntas más importantes de la vida. Jesucristo dijo: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3).
No basta con contestar: “Pertenezco a la iglesia; supongo que soy cristiano.” Miles de cristianos nominales no muestran ninguna de las señales de haber nacido de nuevo que las Sagradas Escrituras nos han dado --muchas de ellas anotadas en la Primera epístola de Juan.
No comete habitualmente pecados
Primero, Juan escribió: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado” (1 Juan 3:9). “Todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado” (5:18).
La persona que es nacida de nuevo, o es regenerada, no comete habitualmente pecados. Ya no peca con su corazón y voluntad y todas sus inclinaciones. Probablemente hubo una época cuando no pensaba si sus acciones serían o no pecaminosas, y no siempre sentía pesar después de haber hecho el mal. No había problemas entre él y el pecado; eran amigos. pero el cristiano auténtico odia el pecado, huye de él, lucha contra él, lo considera su plaga más grande, resiente la carga de su presencia, se duele cuando cae bajo su influencia y anhela librarse totalmente de él. El pecado ya no le agrada, ni siquiera le es indiferente; ha llegado a ser algo que odia. No obstante, no puede eliminar su presencia dentro de él.
Si dijera que no tiene pecado, estaría mintiendo (1John 1:8). Pero puede decir que odia el pecado y que el gran anhelo de su alma es no volver a cometer ningún pecado. No puede impedir malos pensamientos, ni que faltas, omisiones y defectos aparezcan tanto en sus palabras como en sus acciones. Sabe que “todos ofendemos muchas veces” (Santiago 3:2).
Pero puede decir ciertamente, en la presencia de Dios, que estas cosas le causan dolor y tristeza y que su naturaleza entera
no las consiente. ¿Qué diría de usted el apóstol? ¿Ha nacido usted de nuevo?
Cree en Cristo
Segundo, Juan escribió: “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios” (1 Juan 5:1).
El hombre que es nacido de nuevo, o es regenerado, cree que Jesucristo es el único Salvador que puede perdonar su alma, que es la persona divina designada por Dios el Padre justamente para este propósito, y fuera de él no hay ningún Salvador. Se considera indigno. Pero tiene plena confianza en Cristo, y confiando en él, cree que todos su pecados han sido  perdonados. Cree que, porque ha aceptado la obra consumada de Cristo y la muerte en la cruz, es considerado justo a los ojos de Dios, y puede encarar la muerte y el juicio sin temor.
Puede tener temores y dudas. Quizá a veces diga que se siente como que no tiene nada de fe. Pero pregúntele si está dispuesto a confiar en otra cosa en lugar de Cristo, y vea lo que dice. Pregúntele si está dispuesto a basar su esperanza de vida eterna en su propia bondad, sus propias obras, sus oraciones, su pastor o su iglesia, y note su respuesta. ¿Qué diría de
usted el apóstol? ¿Ha nacido usted de nuevo?
Practica justicia
Tercero, Juan escribió: “todo el que hace justicia es nacido de él” (1 Juan 2:29).
El hombre que es nacido de nuevo, o es regenerado, es un hombre santo. Procura vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, hacer las cosas que agradan a Dios y evitar las cosas que Dios aborrece. Desea continuamente tener en Cristo su ejemplo al igual que su Salvador y dar pruebas de ser amigo de Jesús haciendo todo lo que él ordena. Sabe que no es perfecto. Percibe, con dolor, su corrupción interior. Tiene conciencia de un principio maligno dentro de sí mismo que lucha constantemente contra la gracia y trata de apartarlo de Dios. Pero no lo consiente, aunque no puede impedir su presencia.
Aunque a veces puede sentirse tan bajo que cuestiona si es o no cristiano, podrá decir con John Newton: “No soy lo que debo ser, no soy lo que quiero ser, no soy lo que espero ser en el más allá; pero aun así no soy lo que era, y por la gracia de Dios soy lo que soy.” ¿Qué diría de uste el apóstol? ¿Ha nacido usted de nuevo?
Ama a los demás cristianos
Cuarto, Juan escribió: “Sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos” (1 Juan 3:14).
El hombre que ha nacido de nuevo tiene un amor especial por todos los auténticos discípulos de Cristo. Al igual que su Padre en los cielos, ama a todos los hombres con un gran amor general, pero tiene un amor especial  por los que comparten su fe en Cristo. Al igual que su Señor y Salvador, ama a los peores pecadores y puede llorar por ellos; pero tiene un amor particular por los que son creyentes. Nunca se siente tan en casa como cuando está en su compañía.
Siente que todos son miembros de la misma familia.  Son sus soldados compañeros, luchando contra el mismo enemigo. Son sus compañeros de viaje, viajando por  el mismo camino. Los comprende, y ellos lo comprenden a él.
Pueden ser muy distintos a él de muchas maneras --en rango, en posición y en riquezas. Pero eso no importa. son los hijos e hijas de su Padre y no puede menos que amarlos. ¿Qué diría de usted el apóstol? ¿Ha nacido usted de nuevo?
Vence al mundo Quinto, Juan escribió: “Todo lo que es nacido de Dios vence al mundo” (1 Juan 5:4). 
El hombre que ha nacido de nuevo no usa la opinión del mundo como su norma con respecto a lo bueno y lo malo. No le importa ir contra la corriente de las conductas, ideas y costumbres del mundo. Lo que dicen o hacen los demás ya no le preocupa. Vence al amor del mundo. No encuentra placer en las cosas que parecen dar felicidad a la mayoría de las personas. A él le parecen necias e indignas de un ser inmortal.
Ama los elogios de Dios más que los elogios del hombre. Teme ofender a Dios más que ofender a los hombres. No es importante para él si lo culpan o elogian, su meta principal es agradar a Dios. ¿Qué diría de usted el apóstol? ¿Ha nacido usted de nuevo?
Se mantiene puro
Sexto, Juan escribió: “Aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado” (1 Juan 5:18).
El hombre que ha nacido de nuevo cuida su propia alma. Procura no sólo evitar el pecado sino también todo lo que pueda llevarlo a él. Es cuidadoso de sus compañías. Sabe que las comunicaciones impías corrompen el corazón y que el mal es más contagioso que el bien, así como una enfermedad es más contagiosa que la salud. Es cuidadoso en cuanto al uso de su tiempo, su anhelo principal es usarlo con provecho.
Anhela vivir como un soldado en territorio enemigo  --usar continuamente su armadura y estar preparado  para la tentación. Es diligente en ser un hombre vigilante, humilde y de oración. ¿Qué diría de usted el apóstol? ¿Ha nacido usted de nuevo?
La prueba
Estas son las seis grandes características del cristiano que ha nacido de nuevo. Hay una gran diferencia en la profundidad y claridad de estas características en distintas personas. En algunas son débiles y casi ni se notan. En otras son fuertes, claras e inconfundibles, de modo que cualquiera las puede notar. Algunas de estas características son más visibles que otras en cada individuo. Rara vez son todas igualmente evidentes en una persona dada.
Pero aun así, teniendo todo en cuenta, aquí encontramos grabadas seis características del que es nacido de Dios.
¿Cómo hemos de reaccionar a estas cosas? Podemos, por lógica, llegar a una sola conclusión --únicamente los que son nacidos de nuevo tienen estas seis características, y los que no las tienen no son nacidos de nuevo. Esta parece ser la conclusión a la cual el apóstol quería que llegáramos. ¿Tiene usted estas características?
¿Ha nacido usted de nuevo? 

martes, 7 de febrero de 2012

Un Matrimonio a Imagen Perfecta III – El Papel del Marido

clip_image001Por Tim Challies
En los últimos dos días he estado escribiendo acerca de Efesios 5 y el gran misterio del matrimonio –que en alguna manera el matrimonio es un retrato, un reflejo, de la relación de Cristo con su iglesia. En el primer artículo introduje esta metáfora y en el segundo hablé de cómo la mujer completa su parte de la imagen.
Pablo habla ahora a los maridos y aquí está lo que dice (en Efesios 5:25:32): Esposos, a ustedes hacen de su matrimonio una imagen exacta de la boda real, cuando ustedes entregan su vida para su esposa. Usted tiene la única tarea de mostrar el Evangelio en su liderazgo amoroso y gozoso de su esposa. En esta relación esto pretende ser un retrato de la relación de Cristo con la iglesia, el marido es llamado a ser un retrato fiel de Cristo. Esposos, a ustedes debe ser a su esposa lo que Cristo es hacia su iglesia. Esto es un pequeño resumen, así que vamos a ver cómo va tomando forma por tres preguntas: ¿Qué, cómo y por qué?
¿Qué?
¿Qué a de hacer un marido? Marido, ame a su esposa y entréguese a sí mismo por ella. Note que Pablo no es exactamente paralelo a lo que ha dicho a las esposas. El no ordena de inmediato que sea la cabeza de su esposa. Él ha dicho a su esposa que se someta a su liderazgo, pero no comienza diciendo: “¡Maridos, dirijan!” En cambio, él les dice que se llenen de amor por su esposa. Usted debe dirigir en amor, entregarse a ello. Esto no es amor, como podríamos pensar en nuestra cultura –el amor como una emoción o amor como algo que es puramente físico. El verdadero amor es un acto de voluntad. Se requiere una acción. Usted no se ha sido mandado a ser románticamente cálido y tierno con su esposa, aunque esperamos que pueda tener eso, sino que le dice que actúe en amor hacia ella.
El modelo de tu amor es el amor de Cristo por su pueblo.¿Cómo amó Cristo a su pueblo? ¿Cuánto ama a su novia? El amó en acción, no sólo en palabras o sentimientos. Él se entregó por ella. Él dio su vida. Cristo se entregó, él no se dio por vencido. Él era activo y deliberado. Cristo puede aún haber demostrado amor por nosotros si él fuese a la cruz gritando y pataleando y protestando su inocencia y pidiendo que lo dejen ir. Pero, cuánto más es su amor manifestado en su sacrificio voluntario, en ir a la cruz por su propia voluntad. Usted muestra su amor por su esposa cuando usted de buena gana, con alegría se entregas por ella.
Usted debe dirigir en amor, perdón, arrepentimiento, en sacrificio, al dar de su tiempo, su atención, su propio ser. Usted debe dirigir al amar primero y amar más y mejor amándola hasta el final.
Hace poco tiempo Pat Robertson dijo que estaría bien que un hombre deje a su mujer si ella tiene Alzheimer y ya no pueda reconocerlo o amarlo.¡Esa fue una de las cosas más horribles que he escuchado decir de un líder cristiano! Usted ve un retrato de Cristo y la iglesia en un hombre que se queda con su esposa a pesar de la enfermedad de Alzheimer y que se preocupa por ella y realmente la ama y se entrega día a día a pesar de que ha pasado años desde que, incluso ya no lo reconoce. ¿Es eso un retrato exacto, pero en miniatura de la boda real de Cristo y la iglesia? O ¿es un mejor retrato el hombre que deja a su esposa en un asilo de ancianos, se aleja de ella, y se casa otra vez? Es obvio, ¿no?
¿Cómo?
Ahora ¿qué pasa con el ¿cómo? ¿Cómo un marido hacer todo esto? Usted hace su matrimonio una imagen exacta de la boda real al lavar a su esposa con la palabra. Como parte de su papel dado por Dios, usted va a liderar en el lavado de su esposa con la Palabra de Dios. Usted debe dirigir en su vida espiritual y devocional juntos.
Maridos, vamos a parar aquí por un minuto. La mayoría de nosotros somos buenos en ser proveedores. Algunos de nosotros somos buenos para servir a nuestras esposas y aprender a hablar de su “lenguaje del amor.” Somos buenos en la formulación de directrices para la familia y mostrar el carácter de Dios. Esas son todas cosas buenas y cosas que debemos hacer bien. Pero el corazón de su papel, de ser una manifestación de Cristo en el matrimonio, es su lavado por la Palabra de Dios.
¿Cómo se hace en esa área? ¿Cómo es su vida devocional juntos? ¿Sabe lo que tu esposa está leyendo en sus devociones ahora? ¿Cuándo fue la última vez que oró con ella? ¿Cuándo fue la última vez que habló las palabras del evangelio con ella? La relación de Jesús para nosotros era todo acerca de la Palabra, llevándonos a la sumisión a su Palabra. Su Palabra nos ha salvado, su palabra hoy nos llama a ser santos y nos desafía a despojarnos del antiguo egoísmo revestirnos del nuevo. Nuestra única tarea como esposos es tomar esta misma palabra para nuestras esposas, para hablarlas con ellas, desafiarlas con ellas, ayudarles a aplicarlas a sus vidas.
¿Por qué?
Aún queda la pregunta de por qué. ¿Por qué un marido hacer todo esto? Para mí, esto es donde el matrimonio y el papel de esposo simplemente lleva a una nueva dimensión. Le da un objetivo hermoso e inspirador y un propósito. ¿Por qué usted como esposo de entregándose por su esposa y lavarla en la Palabra? Debido a que usted logra que su matrimonio sea lo más cerca posible a la boda real cuando usted prepara a su esposa, para ser presentada a Cristo como santa y sin mancha.
Pablo pinta esta imagen de Jesucristo que murió por el pueblo para que pudiera ser santificado, para se presentado a él, por que pueda estar delante de él libre de cualquier tipo de mancha. Ese es su futuro y es el mío. Eso es lo que Cristo promete y todos estamos esperando ese día. Ahora vamos a aplicar eso al matrimonio. ¡Marido, usted necesita imaginarse un día presentando a su esposa al Señor! Ahí está usted, de pie junto a ella ante el Señor y diciendo: “¡Aquí está! Aquí está la mujer que me diste. ¡Mira qué bella es! Yo he dado mi vida por ella, la he lavado en la Palabra, y ahora aquí está. Te la presento aTi.”
¿Ve usted lo que su esposa será ese día? En ese día, ella será completamente libre de pecado. Cada pizca de pecado, cada fragmento de imperfección se habrá ido. Ese viejo ego habrá sido eliminado por completo y el nuevo yo será todo lo que ella es. Ella será completamente santa, completamente pura y limpia, todo lo que Dios creó para ser. Tan hermosa como ella es ahora, será más bella en ese día.
¿Tiene esa imagen en su mente, de su novia, su esposa, de pie ante el Señor, limpia de todo rastro de pecado? ¡Arregle eso en su mente porque Dios le llama a ayudarla a entrar allí! Usted tiene este privilegio increíble en este momento de ver destellos de lo que será. Usted ve mejor que cualquier otra persona, verla en esa perspectiva eterna, de aferrarse a ello con fe, y ayudarla a llevarla hasta allí. El matrimonio es acerca de la santidad de la misma manera que la fe cristiana es a la santidad. Cristo murió para hacer a su pueblo santo, usted se casó para que hacer santa a su esposa.
Así que no quede corto de vista sobre el matrimonio. No tome demasiado una visión baja de la misma. Cuanto más por delante pueda ver, mayor es la visión. Usted está de pie en las llanuras de esta cordillera entera delante de usted. Usted puede mirar hacia abajo a sus pies y disfrutar de la belleza de la hierba y las piedras. Puede levantar los ojos un poco y disfrutar de las suaves colinas y pequeñas montañas. O puede mirar hacia delante y ver el sol entre las nubes en toda la cordillera. Haga eso y lo pone todo en perspectiva, la hierba y las piedras y las colinas y todo eso.
Cuando vemos el propósito de Dios para el matrimonio, cuando veamos a Cristo y la Iglesia, cuando vemos que la Iglesia presenta a Cristo en todo su esplendor, lavada por la Palabra, santa y sin mancha, hemos levantado los ojos y tomamos todo en perspectiva. Y es tan hermoso.
Mi hermano, si Dios le ha encargado lavar a su esposa por el agua de su Palabra, esto significa que usted necesita estar en la Palabra. Si Dios le ha encargado ayudar a su esposa para ser santa, esto significa que usted necesita dirigirla en santidad. Por el bien de su esposa, como una expresión tangible de su amor por ella, tiene que ser implacable en su crecimiento en la santidad.
Aplicación
¿Cómo vive usted con esto en perspectiva? ¿Cómo toma versículos de la Biblia y vive de tal manera que ahora esté haciendo su parte para que sea hermosa, un retrato exacto y preciso de Cristo? ¿Por qué no comenzar de esta manera: Cuando piensa en su matrimonio siempre pregúntese: “¿Cómo amó Cristo a su pueblo? ¿Cómo puedo mostrar esa clase de amor a mi esposa? ¿Qué significaría en esta situación actuar de la manera en que Jesús actuó hacia su iglesia?” Esto es cierto cuando se toma tiempo para sentarse y reflexionar sobre su matrimonio y esto es cierto en aquellos momentos en los que en un latido del corazón tiene que elegir reaccionar con gracia o con orgullo, con tranquilidad o con ira. Todo lo que haces, todo lo que dices, todas las formas que en que dirige, debe ser un reflejo de ese gran retrato de la boda real.
Conclusión
La Biblia nos dice que su matrimonio es un retrato de Cristo y la iglesia, y en vista de todo esta teología del gran evangelio de la salvación por gracia mediante la fe, por supuesto siempre va a ser un retrato preciso. Imagine esa misma escena de la boda, esa novia y novio, pintado por la mano de un niño con pintura de dedos, o como un proyecto de grado octavo de arte, o el pincel de un artista capaz, o de la mano de un maestro.¿Dónde está su matrimonio? ¿Ve usted que Dios os llama a seguir trabajando en ello, para seguir creciendo en habilidad y sabiduría, para hacer se ese retrato una representación más exacta de la boda real?
Cuando una mujer tiene roces contra la autoridad y discute con su marido, cuando ella se niega a respetar o se niega a seguir su liderazgo, la belleza de ese retrato, la nitidez de la misma, se ve interrumpida. Cuando un marido pierde el amor por su esposa, cuando él la domina o deja de tratar con amor, esta imagen queda fuera de foco y distorsionada. Y si el marido y la esposa se divorcian el retrato se destruye por completo.
Su matrimonio es una obra de arte para ser custodiada, para mantenerse como un tesoro, para trabajarse como una obra maestra, por lo que puede convertirse en un hermoso retrato y exacto de la boda real, una imagen impresionante del evangelio.
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Articulo tomado del Blog Evangelio Según Jesucristo

Un Matrimonio a Imagen Perfecta II – El Papel de la Mujer

clip_image002Por Tim Challies
Ayer comencé una serie corta llamada una Imagen Perfecta del Matrimonio . Este es mi intento de estudiar lo que Pablo dice acerca de la relación matrimonial siendo una imagen, un retrato de Cristo y la iglesia. Después de haber establecido esa base, ahora quiero ver cómo la mujer cumple con su parte de ese retrato.
Esto es lo que Pablo dice a las esposas: Usted hace su matrimonio una imagen exacta de una boda real cuando se somete voluntariamente al liderazgo de su esposo. Usted tiene la única tarea de mostrar el Evangelio en su voluntaria sumisión a su marido. Aquí está el texto al que estoy recurriendo:
Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo El mismo el Salvador del cuerpo. Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. (Efesios 5:22-24)
En esta relación, eso sirve como un retrato de Cristo y la iglesia, es la mujer la que está llamada a ser un retrato fiel de la iglesia, por lo menos una imagen exacta de lo que la Iglesia está llamada a ser. Esposas, este es su llamado de parte de Dios. Es su deber y su privilegio. A medida que se relacionan con su marido, usted debe ir ante él como la Iglesia a Cristo. Esto es un resumen breve, así que vamos a ver cómo va tomando forma haciendo tres preguntas: ¿Qué, cómo y por qué?

¿Que?
En primer lugar, la pregunta Que: ¿Qué tienes que hacer para completar u parte en este retrato? La respuesta es, usted debe someterse a su marido en todo.
Pablo dice: “Las casadas estén sujetas a su propio marido.” No se extrañe. Una mujer no debe someterse a todo hombre, como algunas personas pueden enseñar, sino a su propio marido. El Señor ha determinado que debe haber una estructura de liderazgo dentro del matrimonio, pero esto no significa que las mujeres deban someterse a los hombres en general. La cabeza de la iglesia es Cristo y la iglesia debe someterse a El, la cabeza de una mujer es su marido y ella debe someterse a él.
Ella debe someterse en todo. Esa es una declaración intimidante y tenemos que lidiar con esa palabra todo. Tenemos que tener cuidado de no hacer que signifique más de lo que dice. Si quieres hacer el ridículo usted puede decir que yo ahora podría ordenarle a mi esposa que salte del puente Golden Gate y que me tendría que obedecer. Pero, por supuesto, sabemos que la esposa debe someterse a una autoridad superior antes de una menor. La idea de una jerarquía de autoridad es que hay niveles de autoridad, si una autoridad menor le dice que desobedezca a una autoridad superior, su sumisión se debe a la autoridad superior. Así que no hagamos detodo más de lo que este dice.
Sin embargo, no vamos a hacer que signifique menos de lo que dice tampoco. Es una frase que abarca todo lo que significa que usted realmente debe obedecer a su marido en todo lo que no está directamente en contradicción con lo que dice una autoridad superior. Usted no es libre de seguir su liderazgo o ignorarlo como mejor le parezca. En realidad, la única vez que se niegan a seguir el liderazgo de su esposo es cuando usted llegue a él con su Biblia y diga: “Aquí es donde Dios dice que no me debo someterme a ti.” Usted no tiene que creer en lo que dice y no te tiene que gustarle lo que dice, pero usted tiene que seguirlo. Esto no siempre será fácil y, sin embargo el Señor os llama a someterse a su liderazgo. Este es el papel que Dios le ha dado –un papel en el que se puede mostrar muy bien el evangelio. Usted no se somete a su esposo para su propia felicidad o paz, sino para ser esa demostración, ese retrato.

¿Cómo?
Así que esta es la pregunta Cómo: ¿usted dedeb someterse a su marido en todo. Pero, ¿cómo? ¿Cómo debe soemeterse una mujer? La respuesta es, usted es someterse voluntariamente. No hay tal cosa como una sumisión forzada –eso es sólo servidumbre o esclavitud. Dios le llama a someterse a su marido con gozo y libertad. Someterse a su esposo no es sólo su deber de esposa, sino su vocación única y un privilegio, la única manera que usted puede hacer que su matrimonio sea una imagen exacta de una boda real. Pablo no impone esto sobre usted como una cruz. Él no pide disculpas por esto y le consuela, como si esto es de modo alguno indigno o inhumano o un resultado negativo de la caída en el pecado. No, en absoluto. No está describiendo una especie de sumisión que hace a la esposa pasiva y completamente quebrantada, no se describe aquí algo que le priva de su voluntad o su dignidad. Pablo simplemente y sin pedir disculpas describe esta posición de sumisión como el papel dado por Dios en el orden creado y su contribución única a la relación matrimonial.
Pablo quiere que la mujer, entienda que Dios le ha creado para cumplir un papel único en la manifestación del Evangelio y quiere que abrace con alegría este papel y de forma voluntaria. Él le está llamando a entender que Dios le ha hecho para ser y estar contenta de cumplir esta función con verdadera alegría, porque en la sumisión a su esposo, usted puede ser una gran manifestación del evangelio. Nadie más puede hacerlo. Su marido no puede hacer lo que usted esta llamada a hacer aquí.

¿Por qué?
Y ahora la pregunta por qué: ¿Por qué someterse voluntariamente a su propio marido en todo? Porque en última instancia, su sumisión es hacia Dios. Usted debe someterse a su propio marido como al Señor.
Su sumisión a su marido es un componente de su gran sumisión a Cristo. La sumisión al esposo y la sumisión a Cristo, no son dos cosas diferentes. El motivo de la esposa en la sumisión a su marido es someterse a Cristo mediante la sumisión a una de las autoridades menores a los que ha delegado autoridad. Cuando usted se somete a su marido, cuando se somete voluntariamente y con alegría, al momento de someterse a su marido como una autoridad ordenada por Dios en su vida, está siendo una imagen de la novia en el matrimonio real –la verdadera novia que se somete a Cristo: el novio.
¿Cómo vive usted con esta visión en mente? ¿Cómo tomar versículos de la Biblia y vivir de tal manera que ahora esté haciendo su parte para que sea un retrato hermoso, fino y preciso de la iglesia. Me alegra que lo pregunte.

Aplicación
Bueno, ¿Por qué no empezar así: en su mente, en su corazón, en su matrimonio, siempre piense en la siguiente pregunta: “¿Cómo puede la Iglesia someterse a Cristo? ¿Cómo podemos, como cristianos, relacionarnos a Jesús?” Así es entonces como se relaciona a su marido. Admito que no va a empezar a adorarlo o a cantarle himnos, pero sí es necesario darle respeto, hacer mucho más de él. Usted es su ayudante, lo que significa que su vida está envuelta en la suya.
Lo que él desea ser, como piensa utilizar sus dones y pasiones y el llamamiento, usted debe unirse en eso. Su misión es su misión, su vocación es su vocación, su pasión es su pasión. Así que únase con él, sírvale, ámelo, respételo y esa será su parte en este retrato, la imagen de un matrimonio real.
Mañana veremos cómo el marido hace su parte para completar este retrato.

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lunes, 6 de febrero de 2012

Sumisión Mutua


clip_image002Por Tim Challies

Hay un gran debate sobre la forma de tomar el mandamiento en Efesios 5:18-21 de “Sed llenos del Espíritu... Someteos unos a otros,por reverencia a Cristo.” El como interprete este texto es, para muchos, la línea divisoria entre ser igualitario o complementariano en su visión de los roles de los hombres y las mujeres en general y de los esposos y esposas, en particular.

Las dos principales líneas de interpretación son:

  1. “Someteos unos a otros”, indica la sumisión mutua, lo que significa que los cristianos llenos del Espíritu deben someterse igualmente el uno al otro, sin hacer distinciones jerárquicas. Esta es la interpretación tradicionalmente igualitaria.
  2. “Someteos unos a otros” es un llamado a reconocer las diferentes funciones de la autoridad que Dios ha establecido en la sociedad y someterse adecuadamente a cada una de ellos. Esta es la interpretación complementaria tradicional.
Peter O'Brien, en su excelente comentario sobre Efesios, ofrece un resumen útil de los argumentos que sustentan cada una de estas interpretaciones. A continuación se muestra un resumen de lo que ha escrito.

La primera interpretación es a menudo apoyada por los argumentos que…
  • Gramaticalmente, Pablo usa el verbo “someteos” en una forma (“voz media / pasiva” para los que sepan griego) eso suaviza su significado lo que indica un tipo de sumisión más voluntaria y abnegada.
  • Pablo añade la expresión “unos a los otros” después del verbo para indicar la eliminación de cualquier idea de jerarquía en la forma en que entendemos quien se supone debe someterse a quién. La sumisión debe ser a través de línea horizontal, entre iguales.
La segunda interpretación es a menudo apoyada por los argumentos de que…
  • Cualquier otro lugar donde el verbo “someter” se presenta en el Nuevo Testamento, independientemente de su forma, implica una relación de orden en el cual una parte está “encima” y otra “abajo.” Y como la misma idea de “someter” encaja muy bien en Efesios 5:21 y su contexto , no hay una orden para ir más allá de su alcance semántico habitual e interpretarlo de otra manera.
  • La expresión “unos a otros” no siempre indica una relación de reciprocidad total en el Nuevo Testamento (ver Apocalipsis 6:4 y 6:2 Gálatas, donde las acciones en perspectiva no siempre son calles de doble-sentido).
  • El flujo de la discusión –en la manera como Pablo se mueve inmediatamente en 5:22-6:9 para explicar lo que la sumisión debe ser entre esposas y esposos, hijos y padres, y esclavos y amos – pone de manifiesto que él ve un orden diseñado por Dios en la sociedad para quien debe someterse a quién.
O'Brien llega a la conclusión de que, “por motivos de semántica, sintaxis y el flujo del argumento de Pablo es preferible esta última interpretación. El apóstol no está hablando de la sumisión mutua en el sentido de una subordinación recíproca, sino una sumisión ara aquellos que están en autoridad sobre ellos.” No se sorprenda al aprender que me parece su argumento convincente.

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domingo, 5 de febrero de 2012

Un Matrimonio a Imagen Perfecta

clip_image002Por Tim Challies
Esta mañana voy a empezar solo una breve serie de artículos sobre el matrimonio. Después de haber leído varios libros sobre el matrimonio en los últimos meses, me encontré realmente intrigado por lo que Pablo dice sobre el tema en su carta a los Efesios. Desde entonces he tenido la oportunidad de estudiar y quería compartir lo que he aprendido en el camino.
Voy hacer un poco de trampa al comienzo de esta serie yendo al final de la historia antes del comienzo. Hay un par de miembros de mi familia, que hacen esto si está leyendo una novela –se dirigen al final para saber cómo las cosas concluyen y luego, vuelven y leen la mitad. Una vez que conocen que todo sale bien, pueden volver atrás y leer el resto sin ponerse demasiado nervioso. Voy a hacer eso aquí, ya que cualquier discusión sobre el matrimonio bíblico incluye algunas palabras e ideas que dan miedo como sumisión, cabeza y liderazgo. Esto hace que sea muy tenso para muchos de nosotros, así que vamos a ir al final de la historia y ver que todo salga bien. A continuación, vamos a volver con el resto de ello.
Aquí es donde vamos a comenzar:
“POR ESTO EL HOMBRE DEJARA A SU PADRE Y A SU MADRE, Y SE UNIRA A SU MUJER, Y LOS DOS SERAN UNA SOLA CARNE. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia.” (Efesios 5:31,32 ).
A medida que llega al final de su enseñanza sobre el matrimonio, Pablo hace una sorpresa gigante. Él dice que el matrimonio es un misterio, que hay un significado oculto en él y que hasta ahora este significado se haya oculto. La sorpresa es que el matrimonio es un tipo o una imagen o una demostración. El matrimonio está destinado a ser una imagen de otra cosa. Para demostrar esto se dirige al Antiguo Testamento, al primer matrimonio del primer hombre y la primer mujer. Le voy a dar un poco de contexto.
El Misterio
Dios había creado a Adán y luego permitió que Adán viviera por sí mismo durante un tiempo para poder llegar a este entendimiento de que en toda la creación no había un ayudante que fuese adecuado para él. Todos los animales que Dios había creado desfilaban delante de Adán. Adán les dio nombres, pero vio que eran muy diferentes a él. No es que se sentía solo y suspiraba, sino que Dios lo había visto que no había nada ni nadie que fuese igual a él, nadie que pudiera ayudarle a llevar a cabo su mandato dado por Dios. Adán había recibido su mandato de Dios, de que él iba a ser fecundo, multiplicarse y henchid la tierra y sometedla. Pero sabía que sólo podía hacerlo con la ayuda de algo o alguien que fuera como él.
Entonces dijo Dios: “No es bueno para este hombre que esté solo.” Hizo que Adán cayera en un sueño profundo, tomó una de sus costillas y creó a una mujer de él. Él presentó a esta mujer a Adán en la primera ceremonia de boda y el hombre inmediatamente irrumpió en un canto de alabanza. Ahora veía que su ayuda, el que lo complementaba y completaba y él cantó:
Esto sí que es hueso de mis huesos
y carne de mi carne;
ella será llamada varona,
porque ella fue tomada del hombre.
Y entonces leemos estas palabras: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” Ahora, aquí, miles de años después, en esta carta a la iglesia en Éfeso, Pablo vuelve a estas palabras y dice así: “Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia.” De esta manera Pablo le da un nuevo significado al matrimonio, un propósito completamente nuevo. Dice que durante todo este tiempo la unión de marido y mujer en el matrimonio en realidad ha sido un misterio, que ha venido señalando a otra cosa, algo más grande. Sólo ahora, después de la muerte y resurrección de Jesús que somos capaces de ver lo que ha estado señalando. El misterio es que la relación matrimonial es un retrato de la relación de Cristo con su iglesia. Esta relación es la unión definitiva, el matrimonio real.
Esto significa que su matrimonio es un retrato de la unión de Cristo con su iglesia, que a su vez significa que el matrimonio tiene que ver con el evangelio. Esto es cierto si usted lo sabe o no, si usted es cristiano o no. El matrimonio no es en última instancia sobre el cumplimiento o ejecución de la relación sexual o la procreación. Todas esas cosas están atadas en el mismo, pero el fin último del matrimonio es el de servir como un retrato de la boda real. La pregunta es, ¿es su matrimonio un buen o un mal retrato? ¿Es una precisión o una distorsión? ¿Es una obra maestra o es una copia de mal gusto?
El Retrato de Boda
Permítanme ilustrarlo de esta manera. Quiero que se imagine a un artista que ha sido llamado por el rey y le dice que vaya a su boda. Este artista se ha dado a la tarea de pintar el retrato oficial de la boda de la novia y el novio. Así que llega temprano, se pone en su caballete, saca sus pinturas y comienza a mezclar, para hacer los colores que va a necesitar. Prepara su lienzo y los pinceles. Cuando la novia y el novio llegan, se sientan por largo tiempo y sólo los mira y los estudia. Y entonces empieza a pintar sobre lienzo. Al principio son sólo líneas y manchas, pero sigue trabajando, la gente comienza a tomar forma, el novio de su fino traje y la novia en su vestido. Y a medida que trabaja, hora tras hora, el retrato es mejor y más nítido y exacto y más bello. En primer lugar se puede ver el contorno de la cabeza, entonces la forma de sus caras, y las expresiones de sus ojos. Y cuando al fin el artista ha terminado, ha pintado una obra maestra, un retrato impresionante de la novia y el novio.
La relación de Cristo y la iglesia, el evangelio, tienen que ver con el matrimonio de una pareja de novios, nosotros, los cristianos, somos la novia y Cristo es el novio. Esta unión de Cristo y la iglesia es el verdadero matrimonio y nuestros matrimonios sirven como el retrato, la imagen de la realidad última.
Así que aquí está el final feliz de la historia: Nuestros matrimonios llegan a ser un retrato de Cristo y la iglesia.¡Qué privilegio! El matrimonio es una ilustración del evangelio. Esto significa que cualquier cosa que hagamos en el matrimonio está destinado a dar gloria a Cristo, y ese es el fin más feliz fin de todos. Ahora que sabemos esto, podemos leer las palabras que dan miedo como sumisión y liderazgo y ver que todo va a salir muy, muy bien.
Ahí es donde lo voy a dejar hoy. Mañana vamos a empezar a responder a esta pregunta: ¿Cómo podemos hacer que nuestro matrimonio sea una imagen exacta de una boda real?
Aplicación
Antes de terminar con esto, déjeme preguntarle, ¿Usted realmente piensa de su matrimonio en estos términos? Cuando usted tiene esos momentos introspectivos y está pensando en ser un mejor esposo o una mejor esposa, ¿piensa usted acerca de Cristo y la iglesia? ¿Es eso fundamental en su forma de pensar sobre el matrimonio?
Si esta realidad del matrimonio como un retrato era tan fundamental para la teología de Pablo sobre el matrimonio, entonces usted necesita comenzar a pensar en esos términos. Una vez hecho esto usted empieza a ver que el matrimonio no es finalmente acerca de su felicidad o el cumplimiento de sus necesidades. Su tarea en el matrimonio no es en última instancia, a favor de su cónyuge o para encontrar su propio sentido de la satisfacción de su cónyuge. El cumplimiento a final de cuentas no puede venir de su esposo o esposa. Por el contrario, la alegría y el éxito de su matrimonio proviene de la comprensión y del aceptar ese propósito más elevado.
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Articulo tomado del Blog Evangelio Según Jesucristo

viernes, 27 de enero de 2012

La Necesidad de Arrepentimiento

¿Por qué es el arrepentimiento bíblico la necesidad de esta hora? Porque vivimos en una época en que la mayoría de los líderes religiosos realmente niegan la necesidad de arrepentimiento. Si es que lo predican, lo debilitan como el presidente de un seminario que dijo que el arrepentimiento no significa más que “un caballero decirle a Dios que lamenta haber hecho lo que hizo”. Otros dicen que el arrepentimiento es únicamente para los judíos y no para nosotros en la actualidad. Algunos dicen que el arrepentimiento es sólo para los hijos de Dios y que no tiene nada que ver con los pecadores perdidos, mientras que otros predican justo lo contrario: ¡dicen que el arrepentimiento es sólo para pecadores perdidos pero no para los hijos de Dios! ¡Y aún otros afirman que el arrepentimiento es meramente una forma de obras y que ningún grupo lo necesita! Por lo tanto, mi propósito es refutar estos errores fatales que están engañando a las almas preciosas para su destrucción eterna.
Ahora escuchemos el testimonio de la Palabra de Dios. Veamos las palabras de nuestro Señor en Lucas 13:3 y 5: “Antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente”. Lo que está diciendo es esto: “A menos que renunciéis a vuestras armas de rebelión contra Dios, moriréis en el infierno porque permanecéis bajo la ira de Dios. ¡Confesad vuestros pecados y no los cometáis más o moriréis para siempre!” Por lo tanto, para empezar, tengo que presentar el efecto del pecado sobre la raza humana, especialmente sobre ti y sobre mí. ¿Qué es el pecado?
Pecado: su definición [i]
En esencia, el pecado es rebelión contra Dios.1 Esto significa creer que tenemos el derecho de hacer con nuestra vida lo que nos da la gana y de actuar independientemente de Dios y de su santa ley. Como dice el apóstol Juan: “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4). De hecho, el pecado es una manera de decirle a Dios: “No te metas con mi vida; no te necesito”.
Pecado: sus serias consecuencias
La doctrina del efecto del pecado sobre ti y sobre mí y sobre toda la raza humana es muy seria. Así como ningún corazón lo puede concebir apropiadamente, así la boca no puede expresar adecuadamente el estado de perdición y ruina que el pecado ha causado al hombre culpable y desdichado. Te preguntas: “¿Qué ha hecho?” ¡Oh, mi amigo, nos ha separado de Dios! ¡Ha desfigurado y arruinado nuestro cuerpo, alma y espíritu! El pecado ha llenado nuestro cuerpo de enfermedades y dolencias. El pecado ha desfigurado la imagen de Dios en nuestra alma. ¡El pecado ha cortado nuestra comunión con él quien nos hizo a su propia imagen moral! El pecado ha hecho que por naturaleza tú y yo seamos amantes del pecado y aborrecedores de Dios, quien es el único bien. ¡Sí, es cosa muy seria considerar el pecado a la luz de la Palabra de Dios, ver lo que le ha hecho al hombre, a Dios y su Cristo, y a la creación de Dios! El pecado nos ha desligado de Dios y ha abierto las puertas del infierno. Es serio porque el pecado le ha costado al hombre su bien más precioso –su alma imperecedera.
Pecado: humillante para el hombre
Además, la doctrina del pecado revelada en la Palabra de Dios es una muy humillante. ¿Por qué? Porque la Biblia no nos presenta meramente como ignorantes y necesitados de enseñanza. Ni nos presenta como débiles y necesitados de un tónico. En cambio, revela que tú y yo estamos espiritualmente muertos y que carecemos de cualquier justicia y rectitud que nos dé algún mérito ante Dios. Esto significa que espiritualmente carecemos de fuerza, somos totalmente incapaces de mejorarnos a nosotros mismos, estamos expuestos a la ira de Dios y no podemos realizar ni una obra que sea aceptable para un Dios santo (Rom. 3:10-18).
La imposibilidad de que alguno pueda ganarse la aprobación de Dios por medio de sus propias obras resulta claro en el caso del joven rico que se acercó a Jesús (Mat. 19). Cuando juzgamos a este joven según las normas humanas, consideramos que era un modelo de virtudes y de logros religiosos. Pero, como tantos otros que confían en sus propios esfuerzos y su propia justicia, desconocía la espiritualidad y lo estricto de la ley de Dios. Cuando Cristo le mostró la codicia de su corazón, se fue triste, porque poseía muchos bienes. Era humillante descubrir que sus mejores estudios religiosos no eran más que trapos de inmundicia al olfato de Dios (Isa. 64:6). Este joven no quiso confesar que su moralidad y que sus mejores acciones no eran más que obras de tinieblas condenatorias por las que necesitaba sentir pesar y a las que tenía que renunciar.
Pecado: nuestra naturaleza
¡Qué humillante es descubrir que Dios requiere la verdad en lo íntimo (Sal. 51:6)! ¡Qué humillante es que no podamos librarnos por nuestros propios medios del pecado en nuestro corazón y en nuestra mente! Qué humillante es que nosotros, al igual que todos los demás, tenemos que comparecer ante Dios como pecadores y declararnos culpables ante él. No queremos confesar que somos pecadores –perdidos, descarriados, indefensos y culpables-- ante Dios. ¡El moral y farisaico no quiere confesar que está en la misma situación ante Dios que el violador, la prostituta y el borracho! No obstante, somos pecadores por naturaleza y en la práctica.
No podemos librarnos del pecado por medio de una resolución, una orden, un sacrificio ni por medio de apartarnos totalmente del mundo, porque es nuestra naturaleza. Jeremías 13:23 dice: “¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?”
Este hecho humilló al apóstol Pablo. Lo llevó a arrepentirse y confesar que ante Dios era un pecador merecedor del infierno. En Romanos 7 nos cuenta que en una época vivía sin la ley; pero que cuando conoció el mandamiento de que no debía codiciar, se llenó de codicia. Comprendió que era carnal [ii], que se había vendido al pecado. Confesó que era humillante enterarse de que lo que quería hacer –vivir justa y rectamente-- no podía hacer.
Y lo que no quería hacer –pecar contra un Dios santo, recto y justo—eso es lo que hacía. Confesó tener la voluntad de hacer lo bueno, pero no el poder para hacerlo. Su voluntad estaba depravada, y su naturaleza pecaminosa lo tenía cautivo: “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Rom. 7:19). Por más que luchaba contra él, que tomaba resoluciones contra él, que lo denunciaba y que hacía todo lo que podía en su contra –no se podía librar de él. De la misma manera, nos sentimos humillados cuando, por el poder iluminador del Espíritu de Dios, vemos el terrible poder del pecado en nuestra vida.
Pecado: cómo ve Dios nuestro corazón
¡La Biblia declara que el efecto del pecado sobre el hombre es tal que nuestro corazón es comparable a algunas de las cosas más repugnantes que nos podamos imaginar! Se vale de estas descripciones para mostrarnos cómo considera Dios nuestros pecados.
¿Sabes que la Palabra de Dios nos describe como gusanos? Lo hace en Job 25:4-6: “¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios? ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer? He aquí que ni aun la misma luna será resplandeciente, ni las estrellas son limpias delante de sus ojos; ¿Cuánto menos el hombre, que es un gusano, y el hijo de hombre, también gusano?”[iii] El significado de la raíz de la palabra usada aquí como gusano en el hebreo es “gusano de podredumbre”.[iv] Esta es la forma como Dios nos ve: en proceso de putrefacción, fuera de Cristo.
Además, ¿sabías que Dios nos describe en nuestra naturaleza depravada como una “podrida llaga”. Así lo hace en Isaías 1:4-6:
¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás. ¿Por qué querréis ser castigados aún? *Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.”
Las Escrituras también muestran que el pecado ha hecho al hombre como bestias ignorantes y estúpidas.
Leemos en el Salmo 73:22: “Tan torpe era yo, que no entendía; era como una bestia delante de ti”. También leemos en el Salmo 49:20: “El hombre que está en honra y no entiende, semejante es a las bestias que perecen”. Si todavía estás jugando con el pecado, condenas tu alma al infierno. Y eres como las bestias que perecen, porque no entiendes.
Alguien me podría decir: “¡Ésta no es una manera agradable de decir las cosas!” Lo sé, pero es lo que dice la Palabra de Dios. Tenemos que despojarnos de todo nuestro orgullo y fariseísmo y renunciar para siempre a querer algo en nosotros que nos recomiende a Dios.
¡Qué cuadro del hombre depravado! ¡Qué imagen de ti y de mí por naturaleza! Viéndonos en este estado de putrefacción, Dios tiene que ordenar que nos arrepintamos.
Quiero razonar contigo: Si no te ocupas de la eternidad y no piensas en el mundo venidero, entonces de seguro la Palabra de Dios te retrata con exactitud en estas descripciones. Eres como un gusano, como una llaga podrida y como una bestia que perece. ¡Oh que supieras tu final (Deut. 32:29) y, arrepentido, acudieras ya mismo a Dios, y te encomendaras a su misericordia en Cristo! ¡Oh que te presentaras hoy ante el Dios Santo, humillándote ante él, y clamando a él con verdadero arrepentimiento!

[i] La palabra pecado significa errar al blanco”. 1 Juan 5:17 declara que “toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte”; esto significa cualquier cosa que no está en armonía con el carácter justo y recto de Dios. 1 Juan 3:4 nos dice que pecado es quebrantar la ley de Dios, lo cual es la violación de la voluntad revelada de Dios. Estas definiciones bíblicas ponen en claro que pecado es todo pensamiento, palabra, actitud y acción que son contrarios a la revelación del carácter y la voluntad de Dios presentados en su Palabra.
[ii] carnal -- dado a los placeres sensuales.
[iii] Matthew Henry comenta sobre este versículo: “Tan sórdido y mugriento. El hombre no es puro porque es un gusano nacido en podredumbre y por lo tanto aborrecible a Dios”. Matthew Henry, en E4's Matthew Henry’s Complete 6 Volume Commentary, (Comentario de 6 tomos de Matthew Henry) (edición electrónica).
[iv] Harris, R.L., Archer, G.L., y Waltke, B.K. (199, c1980), Theological Wordbook of the Old Testament (Glosario teológico del Antiguo Testamento), p. 850. Chicago: Moody Press.

L.R. Shelton, Jr. (1923-2003)

Arrepiéntete o Perecerás (*)

image “Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:3).
Estas fueron las palabras del Hijo de Dios encarnado. Nunca han sido canceladas, ni lo serán mientras exista este mundo. El arrepentimiento es absolutamente necesario si el pecador ha de hacer paz con Dios (Isa. 27:5), porque arrepentirse es echar a tierra las armas de rebelión contra Él. El arrepentimiento no salva, sin embargo ningún pecador jamás fue ni será salvado sin el mismo. Sólo Cristo salva, pero un corazón no arrepentido no lo puede recibir.
Un pecador no puede creer verdaderamente hasta que se arrepiente. Esto es visto claramente en las palabras de Cristo respecto a su precursor: “Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; y los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle” (Mateo 21:32). Es evidente también en su llamado autoritario, (claro y fuerte como eran las órdenes que se pregonaban a son de trompeta), que hizo en Marcos 1:15: “Arrepentíos y creed en el evangelio.” Es por esto que el apóstol Pablo testificaba “acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21). No te equivoques en este punto, estimado lector; Dios “ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30).
Al exigirnos el arrepentimiento, Dios reclama sus derechos justos sobre nosotros. Él es infinitamente digno de amor y honor supremo, y de obediencia universal. Maliciosamente se lo hemos negado. Nos requiere tanto un reconocimiento del mismo, como un cambio al respecto. Es necesario confesar y acabar con nuestro desapego para Él y nuestra rebelión contra Él. Así que, el arrepentimiento es darnos cuenta sinceramente de haber fracasado espantosamente, a través de toda la vida, en darle a Dios su puesto legítimo en nuestro corazón y vida cotidiana. La justicia de la demanda de Dios para mi arrepentimiento es evidente si consideramos la naturaleza infame del pecado. El pecado es una renuncia de Aquél que me formó. Es negarle su derecho de gobernarme. Es mi determinación de agradarme a mi mismo, y por lo tanto es rebeldía contra el Todopoderoso. El pecado es anarquía espiritual, y menosprecio total por la autoridad de Dios. Es decir en mi corazón: “No me importa lo que Dios requiere; voy a hacer todo a mi manera. No me importan cuales sean sus derechos en mi vida; voy a ser mi propio señor.” Lector, ¿te das cuenta que has vivido así?
El arrepentimiento verdadero surge cuando, por la obra del Espíritu Santo en el corazón, nos damos cuenta sinceramente de que el pecado es sobremanera pecaminoso, y de lo terrible que es ignorar las demandas y desafiar la autoridad de Aquél que nos formó. Por lo tanto, consiste en un odio y horror santo por el pecado, y en una tristeza profunda por él. Además, consiste en la confesión honesta de él delante de Dios, y en un abandono sincero y completo del mismo. Dios no nos perdona hasta que esto se realiza. “El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Prov. 28:13). En el verdadero arrepentimiento el corazón se vuelve a Dios y confiesa: “He ido en pos de un mundo vano que no puede satisfacer las necesidades de mi alma. Te abandoné a ti, la Fuente de Aguas de vida, yendo tras cisternas rotas que no retienen agua. Ahora reconozco y lamento mi necedad.” Y además, dice: “He sido un sujeto desleal y rebelde, pero ya no lo seré más. Ahora deseo y me propongo servirte y obedecerte con todas mis fuerzas, como mi único Señor. Dependo de ti como mi Porción presente y eterna.”
Lector, profese ser cristiano o no, la opción es: arrepentirte o perecer. Para cada uno de nosotros, seamos miembros de alguna iglesia o no, no hay otra alternativa más que volverme o quemarme. Tienes que apartarte de caminar conforme a tu propia voluntad y gusto, y volverte a Dios con el corazón quebrantado, buscando su misericordia en Cristo. Tienes que volverte con el corazón plenamente decidido a agradarle y servirle a Él. De lo contrario, serás atormentado día y noche por los siglos de los siglos en el lago de fuego. ¿Cuál de los dos será? ¡Oh! arrodíllate ahora mismo y ruégale a Dios que te dé el espíritu de verdadero arrepentimiento.
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(*) A. W. Pink (1886-1952): pastor y maestro itinerante, prolífico autor de Studies in the Scriptures (Estudios en las Escrituras) y muchos libros, incluyendo el muy conocido The Sovereignty of God (La soberanía de Dios).

sábado, 21 de enero de 2012

Santidad, Capitulo 4: La Batalla

“Pelea la buena batalla de la fe” (1 Tim. 6:12)
Es un hecho curioso que no haya otro tema que cause tan vivo interés para la mayoría de las personas como el de las luchas.  Hombre y mujeres jóvenes, hombres ancianos y niños pequeños, altos y bajos, ricos y pobres, letrados e iletrados, todos sienten un gran interés por guerras, batallas y peleas.
Un hecho simple e inescrutable se presenta a sí mismo ante nosotros, nos excitamos cuando oímos historias de guerra.  Algunos considerarían a un hombre inglés como  muy aburrido si no se ocupara de las historias de Waterloo, Inkerman, Balaclava o Lucknow.  Muchos consideran que el corazón es frío y estúpido si no se mueve, no se encanta por los estragos causados en Sedan, Straburgo, Metz y París durante la guerra entre Francia y Alemania.  No obstante existe otra batalla de muchísima mayor importancia que cualquier guerra que haya alguna vez  tenido el hombre.   Es la batalla que tiene relación no con sólo dos o tres naciones sino con cada hombre y mujer cristiano nacido en este mundo.  La batalla de la que hablo es una batalla espiritual.  Es la pelea que cada uno que ha sido salvado debe pelear por su alma.
Esta batalla, soy consciente,  es una de la cual muchos no saben nada.  Hábleles acerca de ella y estarán prestos a calificarlo como demente, fanático o tonto. Y, sin embargo, es tan real y verdadera como cualquier batalla que el mundo haya visto.  Esta tiene sus conflictos y sus heridas, tiene vigilias y fatigas, tiene asedios y asaltos, tiene sus victorias y sus derrotas.   Más que todo, tiene consecuencias que son terribles, tremendas y muy peculiares.   En una batalla mundana las consecuencias para las naciones son temporales y remediables.  En la batalla espiritual es muy diferente.  De esa batalla, cuando  la pelea termina, las consecuencias son eternas e inmutables.
Es la batalla sobre la cual Pablo habló a Timoteo, cuando él escribió esas ardientes palabras “Pelea la buena batalla de la fe,  echa mano de la vida eterna”.  Es la batalla de la que me propongo hablar en este mensaje.   Este tema está íntimamente conectado con la santificación y la santidad.   Aquel que entienda la naturaleza de la verdadera santidad debe saber que el cristiano es “un hombre de guerra”.  Si somos santos, debemos pelear.
1. El verdadero cristianismo es una batalla
¡Cristianos verdaderos!  Atendamos a esa palabra “verdadero/a”.  En el mundo actual existe una vasta cantidad de religiones que no constituyen verdadero, genuino cristianismo.  Ellas se cuelan, satisfacen conciencias soñolientas, pero no son buena ganancia.  En un comienzo no es la auténtica realidad que se llama a sí misma cristianismo.  Hay miles de hombres y mujeres que van a las iglesias cada domingo y se llaman a sí mismos cristianos: hacen “profesión” de fe en Cristo, sus nombres están en los registros bautismales, son contados como cristianos mientras viven, hicieron sus votos matrimoniales en un servicio cristiano,  ¡al morir recibirán un funeral cristiano y sin embargo nunca tuvieron ninguna “pelea” por su religión!  Ellos no saben nada en absoluto de luchas espirituales, esfuerzo, conflictos, abnegación, vigilias y enfrentamientos.  Ese tipo de cristianismo puede satisfacer a un hombre y aquellos que digan algo en su contra pueden ser calificados de fríos y poco caritativos, pero ciertamente no es el tipo de cristianismo del cual Biblia habla.  ¡No es la religión que el Señor Jesús fundó y de la cual sus apóstoles predicaron!  No es la religión que produce santidad real.  El verdadero cristianismo es “una pelea”.
Un verdadero cristiano es llamado a ser un soldado y debe comportarse como tal desde el día de su conversión hasta el día de su muerte.  No es llamado a vivir una vida religiosa fácil, indolente y segura.  Él no puede imaginar nunca, ni por un momento, que puede dormir y abandonarse en el camino al cielo como quien viaja en un carro cómodo.  Si toma sus estándares de cristianismo de  los hijos del mundo  podrá estar contento con esas nociones pero nunca encontrará un reflejo de ellos en la Palabra de Dios.  Si la Biblia es la regla de su fe y práctica, él encontrará su camino muy claro en esta materia.   El debe “pelear”.
¿Contra quién debe pelear un soldado cristiano?   No con otros cristianos.  ¡Desdichada es en verdad  la idea de religión de ese hombre que fantasea  pensando que esto consiste en una controversia perpetua!  Aquel que nunca está satisfecho a menos que se vea envuelto en algunos conflictos entre iglesia e iglesia, secta y secta, grupos y grupos, parte y parte, no sabe nada aún de lo que debería saber.  Sin lugar a dudas que algunas veces existirán necesidades absolutas de apelar a la ley para lograr la correcta interpretación de algunos artículos de la iglesia, así como firmas y formularios, pero, como una regla general, la causa del pecado no tiene mayor ayuda como cuando los cristianos pierden su fortaleza en discusiones unos con otros y pasan su tiempo en pequeñas riñas.
¡No, en verdad!   La batalla principal de un cristiano es con el mundo,  con la carne y el mal.   Estos son sus eternos enemigos.   Estos son los tres principales enemigos  contra los cuales debe hacer la guerra.   A menos que logre la victoria sobre los tres, todas las otras victorias son inútiles y vanas.  Si tuviera la naturaleza de un ángel y no fuera una criatura caída, esta batalla no sería tan esencial, pero con un corazón corrupto, un demonio ocupado y un mundo que lo atrapa, debe  “pelear” o estará perdido.
Debemos pelear con la carne.  Aún después de la conversión un hombre porta consigo mismo una naturaleza inclinada a la maldad, y un corazón débil e inestable como el agua.  Ese corazón nunca estará libre de la imperfección en este mundo y es un  engaño miserable  esperar por  lo contrario.  Para mantener el corazón recto, el Señor Jesús nos pide:  “Estar alertas  y orar”.   El espíritu puede estar dispuesto pero la carne es débil.  Es  una necesidad diaria resistir y luchar.  “Controlo mi cuerpo”, grita Pablo, “y lo pongo bajo sujeción”. “Veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros”.  “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? “Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”.  “Mortifiquen… sus miembros terrenales”.  (Mar 14:38, 1 Cor. 9:27, Rom. 7:23, Gal. 5:24, Col. 3:5).
Debemos pelear con el mundo.  La sutil influencia  del poderoso enemigo debe ser resistida diariamente, y sin una batalla diaria nunca podrá ser vencida.  El amor por las cosas mundanas, el miedo de que el mundo se ría o nos culpe, el deseo secreto de mantenerse en el mundo, el secreto deseo de hacer como los otros del mundo hacen y no estar en los extremos, todas estas son batallas que acosan continuamente al cristiano en su camino al cielo y deben ser conquistadas.  “La amistad con el mundo es enemiga de Dios.  Cualquiera, por lo tanto, que es amigo del mundo es enemigo de Dios”.  “Si cualquier hombre ama el mundo, el amor de el Padre no está en él”.  “El mundo es crucificado en mí, y yo en el mundo”.  “Cualquiera que es nacido de Dios vence al mundo”. “No os ajustéis al mundo” (1 Jn. 2:15, Gal. 6:14, 1 Jn 5:4, Rom. 12:2).
Debe pelear contra el demonio.   El viejo enemigo de la humanidad no está muerto.  Desde la caída de Adán y Eva,  “él ha rondado la tierra, por sobre y bajo ella” y se esfuerza para alcanzar un único y gran fin – la ruina del alma del hombre.  Nunca descansa, nunca duerme, está siempre merodeando como un león buscando a quien devorar. Un enemigo que no se ve, está siempre cerca de nosotros, en nuestra senda y en nuestra cama, espiándonos en todos nuestros caminos.  Desde el comienzo ha sido un asesino y un mentiroso, que trabaja día y noche para arrojarnos al infierno.   Algunas veces a través de la superstición, otras a través de una sugerente infidelidad, algunas veces usando un tipo de táctica y en otras, otras,  está siempre liderando una campaña contra nuestras almas. “Satán ha deseado tenerte, él puede zarandearte como trigo”.  Este poderoso adversario debe ser resistido diariamente si usted desea ser salvo.  Aunque  “esta clase no sale” salvo  vigilando y orando y peleando y vistiendo  la completa armadura de Dios.  Nunca sacaremos al hombre fuerte armado de  nuestros corazones sin una batalla diaria (Job 1:7, 1 Ped. 5:8, Jn 8:44, Luc 22:31, Efe 6:11).
Algunos pueden pensar que estas declaraciones son demasiado fuertes.  Usted imagina que voy demasiado lejos y pinto los colores demasiado espesos.   Secretamente, usted se está diciendo a sí mismo que los hombres y las mujeres pueden ir por seguro al cielo sin todo este problema y batalla y pelea.   Escúcheme por nuestros minutos, y le mostraré que tengo algo que decir en representación  de Dios.  Recuerda la máxima del general más sabio que alguna vez vivió en Inglaterra: “En tiempo de guerra el peor error es subestimar a su enemigo y tratar de hacer una pequeña batalla”.  Esta batalla cristiana no es  materia liviana.  ¿Qué dicen las Escrituras?  “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna”.  “Sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo”; “Vístete de la armadura de Dios y serás capaz de luchar en contra de las artimañas del demonio”. Porque no luchamos contra carne ni sangre, sino contra principados, contra poderes,  contra gobernantes de las tinieblas de este mundo, en contra de la perversidad espiritual de alto rango. Ponte la completa armadura de Dios de manera que seas capaz de resistir en el día malo y habiendo hecho todo para resistir”.  “Lucha para entrar por la puerta estrecha”.  “Trabaja … por la comida que perdura hasta la vida eterna”.  “No piensen que Yo he venido para traer paz al mundo. No vine para traer paz al mundo sino espada”.  “Aquel que no tiene una espada, que venda tus prendas y compre una”.  Vigila, mantente alerta en la fe, condúcete varonilmente, sé fuerte”.  “Pelea la buena batalla, mantén la fe y una buena conciencia” (1 Tim 6:12, 2 Tim 2:3, Efe 6:11-13; Luc 13:24, Jn 6:27, Mat 10:34, Luc 22:36, 1 Cor. 16:13, 1 Tim 1:18,19) Palabras como estas me parecen claras, directas e inconfundibles.  Ellas enseñan la única y gran lección, si estamos deseosos de recibirla.  Esa lección es que el verdadero cristianismo es una contienda, una pelea y una batalla.  Aquel que pretenda condenar “la pelea” y enseñe que debemos sentarnos tranquilos y “abandonarnos a Dios”, a mi me parece  que está malentendiendo su Biblia y comete una gran error.
¿Qué dice el servicio bautismal de la Iglesia de Inglaterra?  Sin duda que el servicio no es inspirado y, como una composición no inspirada tiene sus defectos, sin embargo para los millones de personas en la tierra que profesan y se llaman a sí mismos hombres eclesiásticos ingleses, su contenido debe tener algún peso.  ¿Y qué dice éste?   Nos dice que para cada miembro nuevo que se admite en la Iglesia de Inglaterra se usan las siguientes palabras: “Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.  “Señalo a este niño con el signo de la cruz, en señal de que de aquí en adelante él no se avergonzará de confesar la fe de Cristo crucificado, y que valientemente peleará bajo Su estandarte contra el pecado, el mundo y el mal, y continuará como soldado y sirviente fiel de Cristo hasta el fin de su vida”.  Por supuesto todos sabemos que en millares de casos el bautismo es un mero formulismo y que los padres traen a sus hijos a la fuente bautismal sin fe u oración o pensamiento y, consecuentemente, no reciben bendición alguna.   El hombre que supone que el bautismo en tales casos actúa mecánicamente, como una medicina, y que  padres devotos e impíos, que oran y que no oran, todos juntos reciben el mismo beneficio para sus hijos, debe estar en un extraño estado mental.  No obstante  una cosa, a cualquier precio, es muy cierta.   Cada hombre bautizado, por su profesión de fe, es un “soldado de Cristo Jesús”, al que se le solicita “pelear bajo Su estandarte contra el pecado, el mundo y el mal”.  Aquel que tiene dudas, es mejor que tome su Biblia[1] lea, marque y aprenda su contenido.  La peor cosa de los hombres religiosos celosos es la total ignorancia de lo que su propia Biblia[2] dice.
Ya sea que seamos o no hombres de iglesia, una cosa es certera:  Esta batalla cristiana es una gran realidad y un tema de mucha importancia.   No es una materia como el gobierno de la iglesia y el ceremonial, acerca de los cuales los hombres pueden diferir y aún así alcanzar al último el cielo.   La necesidad se nos impone.  Debemos luchar.  No hay promesas en los cartas de nuestro Señor Jesucristo a las 7 iglesias, excepto para quienes “venzan”.  Donde hay gracia habrá conflicto.  El creyente es un soldado.  No hay santidad sin batalla.  Las almas salvadas siempre tendrán luchas.
Es una lucha de absoluta necesidad.  No pensemos que en esta guerra podemos permanecer neutrales y sentarnos tranquilamente.  Tal línea de acción puede ser posible en una lucha de naciones pero es finalmente imposible en un conflicto que está relacionado con el alma.  La presumida política  de no intervención, la “inactividad magistral” que place a muchos  estadistas, el plan de mantener la calma y dejar las cosas solas seguir su curso… ninguna de ellas tiene lugar en la guerra cristiana. Bajo ninguna circunstancia nadie puede escapar amparado en el lema de “hombre de paz”.   Estar en paz con el mundo, la carne y el mal es estar en enemistad con Dios en el camino ancho que lleva a la destrucción.  No tenemos alternativa ni opción.  Debemos pelear o estaremos perdidos.
Es una lucha de necesidad universal.  Ningún rango o clase o edad puede reclamar excepción o escapar a esta batalla.  Ministros y pueblo, predicadores y oidores, viejos y jóvenes, altos y bajos, ricos y pobres, manso y simple, reyes y súbditos, terratenientes e inquilinos, instruidos e iletrados… todos deben llevar armas e ir a la guerra.  Todos tienen por naturaleza un corazón lleno de orgullo, incredulidad, pereza, mundanería y pecado.  Todos viven  en un mundo acosado por cepos, trampas y escollos para el alma.  Todos tienen cerca de ellos un demonio ocupado, que no descansa y que es malicioso.  Todos, desde la reina en su palacio hasta el indigente en el asilo, todos deben pelear si quieren ser salvados.
Es una lucha de necesidad perpetua.  No admite tiempo para respirar, ni armisticio, ni tregua.  En los días de la semana así como en domingos, en lo privado y en lo público, en casa con la familia como estando lejos,  en pequeñas cosas -como el manejo de la lengua y el temperamento-  como en las grandes -como el gobierno de reinos-,  la batalla cristiana debe continuar incesantemente.   El enemigo con que lidiamos no vacaciona, nunca descansa, nunca duerme, así que en la medida que respiremos debemos mantener nuestra armadura y recordar que estamos en terreno del enemigo.  “Aún en el borde del Jordán”, dijo alguien ya muerto, “está Satanás mordisqueando mis talones”.  Debemos pelear hasta que muramos.
Consideremos todas estas propuestas.  Cuidemos que nuestra propia religión personal sea real, genuina y verdadera.  El síntoma más triste de todos aquellos que se hacen llamar cristianos es la absoluta ausencia de conflictos y peleas en su vida de creyentes.  Ellos comen, beben, se visten, trabajan, se divierten, ganan dinero, gastan dinero, asisten a servicios religiosos una o dos veces por semana, pero de la gran batalla espiritual –sus vigilias y luchas, sus agonías y ansiedades, sus batallas y combates- de todo eso ellos parecen no saber nada en absoluto.  Cuidemos que este no sea nuestro caso.  El peor estado del alma es cuando el fuerte hombre armado guarda la casa, y sus bienes están en paz, cuando mantiene a hombres y mujeres cautivos a su voluntad, y éstos no oponen resistencia.  Las peores cadenas de un prisionero son aquellas que no siente ni ve (Luc. 11:21, 2 Tim 2:26).
Podemos traer consuelo a nuestras almas si sabemos todo acerca de la batalla interior y sus conflictos.  Es la compañía constante  de la santidad de un cristiano genuino.  No lo es todo, estoy bien apercibido de ello, pero es algo.  ¿Tenemos en nuestro corazón una lucha espiritual?  ¿Sentimos algo de la carne peleando contra el espíritu y del espíritu contra la carne, de forma que no podemos hacer las cosas que deseamos? (Gal. 5:17).  ¿Somos conscientes de los dos principios que están en nosotros contendiendo por la supremacía? ¿Sentimos algo de lucha en nuestro hombre interior?  ¡Bien, agradezcamos a Dios por eso!  Es una buena señal.  Es la evidencia altamente probable del gran trabajo de la santificación en nosotros. Todos los verdaderos santos son soldados.  Cualquier cosa es mejor que la apatía, estancación, decadencia moral e indiferencia.  Estamos en mejor pie que muchos.  La mayor parte de los tan llamados cristianos no tienen sentimientos en absoluto.  Evidentemente no somos amigos de Satanás.   Como los reyes de este mundo, él no batalla en contra de sus propios adeptos. El solo hecho de que él nos asalte debería llenar nuestras mentes con esperanza.  Lo digo nuevamente, confortémonos.  Un hijo de Dios tiene dos grandes marcas en él, y de esas dos nosotros tenemos una.   El puede ser reconocido por su batalla interior así como por su paz interior.
2. El verdadero cristianismo es una batalla de fe
A diferencia de las batallas del mundo, el verdadero cristianismo pelea en un reino que no depende  de su fortaleza física, del brazo fuerte, del ojo alerta o del pie ligero.  Las armas convencionales no entran en este juego.  Más bien, sus armas son espirituales y la fe es el eje sobre el cual gira esta batalla.
La fe en la verdad de la Palabra escrita de Dios es el fundamento esencial para el carácter de un soldado cristiano.  El es lo que es, hace lo que hace, piensa como piensa, actúa como actúa, espera como espera, se comporta como se comporta, por una simple razón -  cree en ciertas propuestas reveladas y establecidas en las Sagradas Escrituras.  “Aquel que viene a Dios debe creer que El es, y que El es un Galardonador para aquellos que diligentemente lo buscan” (Heb. 11:6).
Una religión sin doctrina ni dogma, en nuestros días, es el tema del  cual muchos hablan gustosamente.   Suena muy bien al principio.  Se ve muy lindo a la distancia, sin embargo en el momento en que nos sentamos a analizarla y considerarla, encontramos que es simplemente imposible.  Sería como hablar de un cuerpo sin huesos ni nervios.  Ningún hombre podrá ser o hacer alguna cosa en religión a menos que crea en algo.  Aún aquellos que proclaman la visión miserable e incómoda en deidades están obligados a confesar que creen en algo.  Con todos su ácidos desdeños en contra la teología dogmática y la credulidad cristiana, como la llaman, ellos mismos poseen un tipo de fe.
En lo que concierne a los verdaderos cristianos, la fe es la espina dorsal de su existencia espiritual.  Nunca nadie pelea una batalla sincera en contra del mundo, la carne y el mal a menos que tenga grabados en su corazón ciertos grandes principios en los cuales cree.  Lo que esos principios son en realidad puede escapar a su conocimiento y estos pueden no estar  definidos ni escritos pero ellos son, consciente o inconscientemente, las raíces de su religión.  Donde quiera que vea un hombre, ya sea rico o pobre, letrado o iletrado, peleando valientemente contra el pecado para tratar de sobrepasarlo, usted puede estar seguro de que existen ciertos grandes principios en los cuales ese hombre cree.  El poeta que escribió las famosas líneas:   “para estilos de fe dejen al fanático sin gracia pelear,  Aquel que su vida está en lo correcto, no puede equivocado estar”, era un hombre inteligente pero pobre en inspiración.   No existe tal forma de vivir correctamente sin fe ni creencia.
Una fe especial en la persona de nuestro Señor Jesucristo, trabajo y oficio es la vida, corazón y motivo principal del carácter de un soldado cristiano.
El ve por fe un Salvador que no ha visto, que lo ama, que se dio a Sí mismo por él, pagó sus deudas, llevó sus pecados, cargó sus transgresiones, lo resucitó, y está en el cielo como su Abogado a la mano derecha de Dios.  Ve a Jesús y se aferra a Él.  Al ver a este Salvador y confiar en Él,  siente paz y esperanza y está deseoso de dar la batalla contra los enemigos  de su alma.
El ve la multitud de sus pecados, su débil corazón, el mundo de tentación, al ocupado demonio, y si él  mirara sólo a ellos  bien podría desesperarse.  Sin embargo también ve a su Salvador poderoso, un Salvador intercesor, un Salvador comprensivo –Su sangre, Su justicia, Su sacerdocio eterno- y cree que todo eso es suyo.  El ve a Jesús y vacía todas sus cargas en Él.  Viéndolo, continúa alegremente su batalla, con plena confianza que probará ser más que un conquistador a través de Aquel que lo amó (Rom. 8:37)
El secreto de un soldado cristiano que pelea exitosamente es la vívida acostumbrada presencia de la fe en Cristo y su disposición a ayudarlo.
Nunca se nos debe olvidar que la fe admite grados.  No todos los hombres creen de igual forma y aún una misma persona tiene sus flujos y reflujos (como la marea) que cree más efusivamente  unas veces que otras.  De acuerdo a los grados de su fe, un cristiano pelea bien o mal, obtiene victorias o sufre repulsas ocasionales, sale triunfante o abatido de una batalla.  Aquel soldado que tiene más fe siempre será más feliz y estará más cómodo.  Nada hace que la ansiedad de una batalla se sienta tan livianamente en un hombre como la seguridad del amor de Cristo y su continua protección.  Nada  más que la confianza interna que Cristo está a su lado y que su triunfo es seguro, es lo que posibilita al cristiano a soportar la fatiga de la vigilia, resistencia y luchas contra el pecado.  Es el “escudo de la fe”  que sofoca todos los dardos fieros del maligno.  Es el hombre que puede decir “Yo sé en Quién he creído”;  es aquel que puede decir en tiempos de dolor “No me avergüenzo”, es aquel que escribió esas encendidas palabras:  “No desmayamos”, “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”; era el hombre que con la misma pluma escribió: “No miremos las cosas que pueden ser vistas, sino aquellas que no pueden ser vistas; porque las cosas que se pueden ver son temporales pero las cosas que no se pueden ver son eternas”.  Es el hombre que dijo: “Vivo por la fe en el Hijo de Dios”; aquel que dijo, en la misma epístola: “El mundo es crucificado en mí y yo en el mundo”.  Es el hombre que dijo “Para mi vivir es Cristo”;  el que dijo, en la misma epístola:  “He aprendido, en cualquier estado en que esté,  a estar contento”;  “Todo lo puedo en Cristo”;  “¡A mayor fe, mayor victoria! ¡A mayor fe, mayor paz interior! (Efe. 6:16, 2 Tim. 1:12, 2 Cor. 4:16,17, Gal. 2:20, 6:14, Fil. 1:21, 4:11, 13).
Pienso que es imposible sobreestimar el valor e importancia de la fe.  Bien puede el apóstol Pedro llamarla  “preciosa” (2 Ped. 1:1).   Me faltaría tiempo si intentara contar las cientos de victorias que por fe los soldados cristianos han obtenido.
Tomemos nuestras Biblias y leamos con atención el capítulo once de la Epístola a los Hebreos.   Marquemos la larga lista de los hombres dignos cuyos nombres son grabados desde Abel hasta Moisés, aún antes del nacimiento de Cristo y que trajo a plena luz la vida e inmortalidad a través de los evangelios.  Tomemos debida nota de las batallas que ellos ganaron en contra del mundo, la carne y el mal.  Recordemos que el creer lo hizo todo.  Ellos buscaron al Mesías prometido.  Ellos vieron a Aquel que es invisible. “Por fe los ancianos alcanzaron buen testimonio”. (Heb. 11:2-27).
Hojeemos las páginas de la historia de la primera iglesia.  Vemos cómo los cristianos primitivos agarraron firmemente su religión aún hasta la muerte y no fueron sacudidos por  las más fieras persecuciones de los emperadores paganos.  Por siglos no hubo nunca hombres tan deseosos como Policarpo e Ignacio, quienes estaban prestos a morir antes que negar a Cristo.  Multas y prisiones y tortura y fuego y espada eran incapaces de quebrantar el espíritu de la noble armada de mártires.  ¡El poder completo del imperio romano, la amante del mundo, fue incapaz de aplastar la religión que comenzó con unos pocos pescadores y publicanos en Palestina! Y recordemos que creer en un Jesús no visible fue la fortaleza de la iglesia.  Ellos obtuvieron su victoria por fe.
Examínenos la historia de la Reforma Protestante.  Estudiemos la vida de sus destacados campeones, Wychilffe [3]y Huss y Luther y Ridley y Latimer y Hooper.   Remarquemos cómo estos gallardos soldados de Cristo se mantuvieron firmes contra los ataques de sus muchos adversarios y estaban prestos a morir por sus principios.  ¡Qué batalla dieron!  ¡Qué controversias ellos mantuvieron!  ¡Qué controversias soportaron! ¡Qué tenacidad de propósito exhibieron en contra de un mundo en armas! Y luego recordemos que creer en un Jesús que no se ve era el secreto de su fortaleza.  Ellos vencieron por fe.
Consideremos a los hombres que han marcado los más grandes hitos en la historia de la iglesia en los últimos cien años.  Observemos cómo hombres de la talla de Wesley[4] y Whitefield y Venn y Romaine lucharon solos en su época y revivieron la religión inglesa en la cara de  la oposición de hombres de altos rangos, en la cara de la difamación, el ridículo y la persecución de nueve décimas de los cristianos profesantes de nuestra tierra.  Observemos cómo hombres como William Wilberforce y Havelock y Hedley Vicars fueron testigos de Cristo en las dificultosas posiciones y mostraron el estandarte de Cristo aún sobre la mesa revuelta regimental o en el piso de la Casa de los Comunes. Remarquemos cómo estos nobles testigos llegaron hasta el final sin acobardarse, ganaron aún el respeto de  sus peores adversarios. Y recordemos que creer en un Cristo no visto es la fortaleza de sus caracteres.  Ellos por fe vivieron, caminaron, permanecieron y soportaron.
¿Viviría alguien la vida de un soldado cristiano?. Que ore pidiendo fe.  Es el regalo de Dios y un regalo para quienes la piden y que nunca piden en vano.  Usted debe creer ante de pedir.  Si los hombres no hacen nada en religión es porque no creen.  La fe es el primer paso hacia el cielo.
¿Pelearía cualquiera la batalla de un soldado cristiano con éxito y prosperidad? Oremos por ese alguien para que tenga el continuo crecimiento de la fe,  habite en Cristo, se acerque a Cristo, se sostenga firme en Cristo cada día de su vida.  Que su diaria oración sea esa de los discípulos:  “Señor auméntanos la fe” (Luc 17:5).  Vigile celosamente su fe, si usted la posee.  Es la ciudadela del carácter de cualquier cristiano, sobre la cual depende la seguridad de la fortificación completa.  Es el punto que Satanás ama asediar.  Todo estará a su merced si la fe es desperdiciada.  Así, si amamos la vida, debemos permanecer especialmente en guardia.
3. El verdadero Cristianismo es una buena batalla.
“Buena” es una palabra curiosa para calificar cualquiera batalla.  Cualquier guerra mundana es más o menos dañina.  No hay dudas de que es una necesidad absoluta en muchos casos –para procurar la libertad de naciones, para prevenir que los débiles sean pisoteados por los fuertes-  pero aún así es un mal.  Implica una espantosa cantidad de sangre derramada y sufrimiento.  Conduce a millares a la eternidad para la que no están completamente preparados.  Gatilla  las peores pasiones del hombre.  Causa un enorme desperdicio y destrucción de bienes.  Llena casas apacibles con viudas en duelo y huérfanos.  Esparce a lo lejos y ancho pobreza, cargas fiscales y aflicción nacional.  Desarregla todo el orden de la sociedad.  Interrumpe el trabajo del evangelio y el crecimiento de misiones cristianas.  En breve, la guerra es una inmensa e incalculable maldad, y cada hombre que ora debería clamar noche y día: “Danos paz en nuestros tiempos”. Y aún hay otra batalla que es enfáticamente “buena” y es una batalla en la cual no hay ningún mal.  Esa batalla es la batalla cristiana.  Esa pelea es la pelea del alma.
Ahora, ¿cuáles son las razones por las que la batalla cristiana es una “buena batalla”?  ¿Cuáles son los puntos en los cuales esta batalla es superior a la batalla de este mundo?  Quiero que mis lectores sepan que hay abundante aliciente para nosotros si sólo comenzáramos la batalla.  Las Escrituras no llaman a la batalla cristiana “una buena batalla” sin razón y causa alguna.  Déjenme intentar mostrarles a lo que me refiero.
  1. La batalla de un cristiano es buena porque pelea bajo el mando del mejor de los generales.  El Líder y Comandante de todos los creyentes es nuestro Salvador divino, el Señor Jesucristo- un Salvador de perfecta sabiduría, infinito amor y todopoderoso.  El Capitán de nuestra salvación nunca falla en conducir a Sus soldados a la victoria.  El no hace movimientos infructíferos, nunca yerra en juzgar, nunca comete ningún error.  Su ojo está sobre Sus seguidores, desde el más grande hasta el más pequeño.  El sirviente más humilde de Su ejército no es olvidado.  Los más débiles y enfermos son cuidados, recordados y guardados en salvación. Las almas de aquellos que Él ha comprado y redimido con Su propia sangre es demasiado preciosa para ser malgastada y tirada lejos.   ¡Por seguro que esto es bueno!
b. La batalla de un cristiano es buena porque pelea con la mejor de las ayudas.  Débil, como cada creyente es en sí mismo, el Espíritu Santo mora en él, y su cuerpo es un templo del Espíritu Santo.  Escogidos por Dios Padre, lavados con la sangre del Hijo, renovados por el Espíritu, no va a la batalla por su propia cuenta y nunca está solo.  Dios, el Espíritu Santo diariamente le enseña, lo lidera, lo guía y lo dirige.  Dios el Padre lo guarda por Su poderoso poder.  Dios el Hijo intercede  por él en cada momento, como a Moisés en el monte mientras él está peleando en el valle abajo.  ¡Un cordón triple como este nunca puede ser roto!  Sus provisiones y suministros diarios nunca fallan. Su comisario nunca falla.  Su pan y su agua están asegurados.  Débil como parece ser en sí mismo, como un gusano, es fuerte en el Señor para hacer grandes hazañas.
c. La batalla de un cristiano es buena porque pelea con las mejores promesas de su lado.  A cada creyente le pertenecen excesivamente grandes y preciosas promesas, y todos los “sí” y “amén” en Cristo, promesas seguras que se cumplirán porque fueron hechas por Uno que no puede mentir y quien tiene el poder así como la voluntad de mantener Su palabra.  “El pecado no tendrá dominio sobre ti”.  “El Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo tus pies”. “El que ha comenzado un buen trabajo… lo continuará hasta el día de Jesucristo”.  “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán “.  “Mis ovejas … nunca morirán tampoco ningún hombre las arrancará de Mi mano”.  “Aquel que viene a Mi no lo echo fuera”. “Yo nunca los dejaré ni los abandonaré”.  “Estoy convencido que ni la muerte, ni la vida ni ninguna cosa presente o por venir … será capaz de separarme del amor de Dios en Cristo Jesús”.  (Rom. 6:14; 16:20; Fil. 1:6; Isa. 43:2; Jn. 10:28; 6:37; Heb. 13:5; Rom. 8:38, 39).  ¡Palabras como éstas valen su peso en oro!  ¿Quién que no conoce las promesas de la ayuda que viene, ha aclamado a los defensores de la ciudad sitiada como Lucknow, y las ha elevado por sobre su natural fortaleza?  ¿Alguna vez hemos escuchado que la promesa de “ayuda antes del anochecer” tiene mucho que decir de la poderosa victoria en Waterloo?  Aunque todas esas promesas no son nada comparadas con el rico tesoro de los creyentes, las promesas eternas de Dios.  ¡Por seguro, esto es bueno!
d.  La batalla del cristiano es buena porque pelea con el mejor reparto y resultados.  Sin duda que es una guerra en la cual hay tremendas luchas, conflictos desesperantes, heridas, magulladuras, vigilias, ayunos y fatiga, pero aún así el creyente, sin excepción, es “más que un vencedor por Aquel que lo amó” (Rom. 8:37).  Ningún soldado de Cristo se pierde nunca, se extravía o dejado muerto en el campo de batalla.  No habrá luto nunca, no habrá lágrimas que derramar, ni para un oficial o un soldado del ejército de Cristo.  La lista, en la última tarde que vendrá, se encontrará precisamente de la misma forma que estaba en la mañana.   Los guardias ingleses que marcharon desde Londres  a la campaña de Crimea, eran un magnífico grupo de hombres sin embargo mucho de sus gallardos miembros dejaron sus huesos en tumbas extranjeras y nunca vieron Londres nuevamente.  Muy diferente será la llegada del ejercito cristiano a la “ciudad que tiene sus fundaciones, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Heb. 11:10).  No habrá ninguno que falte.  Las palabras de nuestro Capital probarán su verdad “De aquellos que me diste a Mi, no se ha perdido ninguno” (Jn 18:9).  ¡Por seguro, esto es bueno!
e.  La batalla de un cristiano es buena porque hace bien al alma de aquel que la da.  Todas las otras batallas tienen una mala, denigrante y desmoralizadora tendencia.  Ellas despiertan las peores pasiones de la mente humana.  Endurecen la conciencia y minan las fundaciones de la religión y la moralidad.  La batalla cristiana por sí misma tiende a sacar las mejores cosas que están dentro del hombre.  Promueve humildad y caridad, disminuye el orgullo y la mundanería, induce a los hombres a poner sus afectos en las cosas de arriba.  El viejo, el enfermo,  el moribundo nunca se arrepienten de dar la batalla de Cristo contra el pecado, el mundo y la maldad.  Su único pesar es que no hayan comenzado a servir a Cristo antes.  La experiencia de eminente, Philip Henry, no es la única.  En sus últimos días el dijo a su familia:  “Les digo a todos que la vida pasada en el servicio a Cristo es la vida más feliz que un hombre puede tener en la tierra”.  ¡Por seguro, esto es bueno!
f.   La batalla de un cristiano es Buena porque hace bien al mundo.  Todas las otras guerras tienen un efecto demoledor, devastador  y perjudicial.  La marcha de un ejército a través de la tierra es un  horrendo azote para sus habitantes.  Donde quiera que va empobrece, desperdicia y hace daño.  Invariablemente lo acompaña el daño a las personas, a la propiedad,  a los sentimientos y  a la moral.  Muy diferente son los efectos que producen los soldados cristianos.  Donde quiera que ellos viven, ellos son bendición.  Ellos elevan los estándares de la religión y la moralidad.  Ellos invariablemente controlan el progreso de la embriaguez,  el no guardar el Sábado, el libertinaje y la deshonestidad.  Aun sus enemigos están obligados a respetarlos.  Vaya donde le plazca y usted raramente encontrara que cuarteles y tropas hacen bien a la vecindad.  Por el contrario,  vaya donde le plazca y usted encontrara que la presencia de unos pocos cristianos es una bendición.  ¡Por seguro, esto es bueno!
g.  Finalmente, la batalla de un cristiano es buena porque concluye con una gloriosa recompensa para todos aquellos que la han peleado.   ¿Quién puede decir el salario que Cristo pagará a Su pueblo fiel?   ¿Quién puede estimar las buenas cosas que nuestro divino Capitán tiene para aquellos que Lo confiesan delante de los hombres?  Un país agradecido puede dar a sus combatientes exitosos una medalla, la Cruz de la Victoria, pensiones, nobleza, honores y títulos, pero no puede dar nada que dure y perdure hasta la eternidad, nada que pueda ser llevado más allá de la tumba.  Palacios como Blenheim y Strathfieldsay  pueden disfrutarse por unos pocos años.  Los más bravos generales y soldados deben inclinarse algún día ante el rey de los terrores.  Mejor, mejor aún, es la posición de aquel que pelea bajo el estandarte de Cristo, contra el pecado, el mundo y la maldad.   Puede que obtenga poca gloria de los hombres mientras él vive y vaya a la tumba con poco honor pero  tendrá lo que es mucho mejor, porque es mucho más duradero.  El tendrá “una corona de gloria que no se desvanece” (1 Ped. 5:4).  ¡Por seguro, esto es bueno!
Establezcamos en nuestras mentes que la pelea de Cristo es una buena batalla –realmente buena, verdaderamente buena, enfáticamente buena.   Sólo vemos parte de ella aún.   Vemos la lucha pero no su final; vemos la campaña pero no la recompensa; vemos la cruz pero no la corona.   Vemos a unos pocos  humildes, quebrados espiritualmente, penitentes, gente de oración, soportando privaciones y desprecio del mundo, pero no vemos la mano de Dios sobre ellos, la cara de Dios sonriéndoles, el reino de gloria preparado para ellos.  Estas cosas están aún por ser reveladas.  No juzguemos por las apariencias.  Hay muchas más cosas buenas acerca de la batalla cristiana que aquellas que vemos.
Ahora, déjenme concluir este tema con unas pocas palabras de aplicación práctica.  Nuestro “mucho” se funde algunas veces cuando el mundo parece estar pensando en “poco”, no obstante las batallas y peleas.  El hierro entra en el alma de más de una nación, y el júbilo de muchos en un barrio se va completamente.   Por seguro en tiempos como estos un ministro puede en buena lid  llamar a los hombres a recordar su batalla espiritual.  Déjenme decir algunas palabras de despida acerca de la gran batalla del alma.
  1. Puede ser que usted esté luchando duro para obtener las recompensas de este mundo.  Quizá esté tensionando cada nervio para obtener dinero, una posición, poder o placer.  Si ese es su caso, cuídese.  Usted está sembrando una cosecha de amarga decepción.  A menos que advierta lo que se acerca, su último fin  será yacer en lamentos.
Miles han pisado el camino que usted busca y han despertado demasiado tarde para darse cuenta que su final es de miseria y ruina eterna.  Ellos han peleado duro por la riqueza, el honor, su cargo y promoción, y han vuelto su espalda a Dios y a Cristo y al cielo y al mundo por venir.  ¿Y cuál ha sido su final?   A menudo, muy a menudo, han descubierto que su vida entera a sido un gran error;  han probado la amarga experiencia de los sentires de un hombre moribundo que grita alto en sus últimas horas: “La batalla ha sido dada, la batalla ha sido dada, pero no se ha obtenido victoria”.
Por su propia felicidad resuelvan hoy adherirse al lado de Dios.  Sacúdanse de su descuido e incredulidad del pasado.  Sálganse de los caminos insensatos e irrazonables del mundo.  Tomen la cruz y conviértanse en un buen soldado de Cristo.  “Peleen la buena batalla de la fe” que puede hacerlos tanto felices como sentirse seguros.
Piensen en lo que los hijos de este mundo suelen hacer en nombre de la libertad, sin ningún principio cristiano.  Recuerden cómo los griegos y los romanos los suizos y tiroleses y perdieron todo,  aún la vida misma en lugar de someterse al yugo extranjero.  Permitan que su ejemplo sea emulado en ustedes.  ¡Si los hombres pueden hacer tal cosa por una corona corruptible cuanto más deben hacer ustedes por una que es incorruptible!  Despierten al sentido de miseria de ser un esclavo, levántense por la vida, la felicidad y la libertad y peleen.
No tengan miedo de comenzar y enlistarse bajo el estandarte de Cristo.  El gran Capitán de nuestra salvación no rechaza a ninguno que venga a Él.  Como David  en la cueva de Adulan,  El está listo para todo aquel que lo busca, sin importar cuán insignificante pueda sentirse.  Ninguno que se arrepiente y cree es demasiado malo para enrolarse en cualquier rango del ejército de Cristo.  Todos los que vienen a El por fe son admitidos, vestidos, armados, entrenados y finalmente conducidos a una victoria completa.  No tengan miedo en comenzar en este mismo día.  Aún hay espacio para ustedes.
No tengan miedo de continuar la batalla si ustedes se han enlistado.  Mientras más entregado y sincero de corazón ustedes son como soldados más cómoda encontrará su batalla.  No hay dudas de que enfrentarán frecuentemente problemas, fatiga y dura la pelea, antes de que su guerra sea cumplida.  No obstante no permitan que ninguna de estas cosas los saque de ella.  Mayor es Aquel que está con ustedes que todos aquellos que están en su contra.  Libertad eterna y cautividad eterna son las alternativas que están enfrente de ustedes.  Escojan la libertad y peleen hasta el final.
  1. Puede que ustedes ya sepan algo sobre la batalla cristiana y sean soldados comprobados y probados. Si ese el caso de ustedes, acepten estos consejos y  de este soldado.  Déjenme hablar tanto para ustedes como para mí mismo.   Removamos nuestras mentes, recordando.  Hay algunas cosas que no recordamos bien del todo.
Recordemos de que si queremos pelear exitosamente, debemos ponernos la completa armadura de Dios y nunca desprendernos de ella hasta que muramos.  Ni una sola pieza de la armadura puede faltar.  El cinturón de la verdad, la coraza de la rectitud, el escudo de la fe, la espada del Espíritu, el casco de la esperanza –cada uno y todos son necesarios.  Ni un solo día podemos prescindir de ninguna pieza de esta armadura.  Bien dice un veterano de la armada de Cristo, que murió cientos de años atrás:  “En el cielo apareceremos, no en la armadura, sino en túnicas de gloria”.  Aquí nuestras armas deben ser usadas noche y día.  Debemos hablar, trabajar y dormir con ellas, de otra forma no somos soldados verdaderos de Cristo”.
Recordemos las palabras solemnes de un guerrero inspirado, quien murió hace muchos años:  “ningún hombre que pelea se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2 Tim 2:4).  ¡Quiera que nunca olvidemos este decir!
Recordemos que algunos parecen ser buenos soldados durante un corto periodo y hablan mucho de lo que harían y luego, desafortunadamente,  vuelven sus espaldas en el día de la batalla.
No olvidemos a Balaam y a Judas y a Demas o a la esposa de Lot.  Lo que quiera que seamos,  y cuán débiles, seamos reales, genuinos, verdaderos y sinceros.
Recordemos que el ojo de nuestro amado Salvador está sobre nosotros en la mañana, en la tarde y en la noche.  El nunca permitirá que seamos tentados más allá de lo que seamos capaces de soportar.  El puede ser tocado con el sentimiento de nuestra finitud,  porque el mismo fue tentado.  El sabe lo que son  las batallas y conflictos porque El mismo fue agredido por el príncipe de este mundo.  Teniendo a tal Alto Sacerdote, Jesus el Hijo de Dios, mantengamos firme nuestra profesión (Heb. 4:14).
Recordemos a los miles de soldados anteriores a nosotros que han dado la misma batalla que nosotros peleamos y que salieron más que vencedores a través de Aquel que los amó.  Ellos vencieron por la sangre del Cordero, y nosotros también.   El ejército de Cristo es tan poderoso  ahora como siempre ha sido, y el corazón de Cristo es tan amante ahora como antes. El que salvó a los hombres y las mujeres antes de nosotros es Uno que nunca cambia. El es “capaz de salvar a muchos”, todos quienes “vienen a Dios a través de Él”. Entonces arrojemos nuestras dudas y miedos lejos.  Sigamos a “aquellos que a través de la fe y la paciencia heredan las promesas” y esperan para que nos unamos a ellos (Heb. 7:25, 6:12).
Finalmente, recordemos que el tiempo es corto y la venida del Señor se acerca.  Unas pocas batallas más y la última trompeta sonará, y el Príncipe de Paz vendrá a reinar en una tierra renovada.   Un poco más de lucha y conflictos y luego diremos un adiós eterno a esta batalla y al pecado, a la pena y a la muerte.  Entonces peleemos hasta el final y nunca nos rindamos.  Así dice el Capitán de nuestra salvación: “Aquel que vence heredará todas las cosas, y Yo seré su Dios y el será Mi hijo” (Apo. 21:7).
Déjenme concluir todo con las palabras de John Bunyan en una de las más hermosas partes de su libro el Progreso del Peregrino.  El describe el final de uno de sus mejores y más santos peregrinos;  “Después de esto había murmuraciones de que el Sr. Valiente-por-la verdad había  sido citado, por el mismo conducto que los otros. Y  tenía esta palabra por símbolo de que la citación era verdadera:  “El cántaro estaba quebrado junto a la fuente (Ecl. 12:6).  Cuando él lo entendió, llamó a sus amigos y se los dijo.  Entonces dijo:  Voy a la casa de mi Padre, y aunque con gran dificultad he llegado hasta aquí, aún ahora no me arrepiento de todos los problemas que he tenido para llegar hasta donde estoy.  Mi espada se la doy a aquel que me sucederá en mi peregrinación, y mi coraje y habilidades a quien pueda obtenerlas.  Mis marcas y cicatrices las llevo conmigo, como testimonio de que he peleado Su batallas, a quien ahora será mi Galardonador”.   Cuando el día que en debía ir a casa había llegado, muchos lo acompañaron hasta la rivera del río, en el cual, a medida que se iba hundiendo,  decía  “Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón? Y a medida que se hundía más profundamente, gritaba “Oh tumba, ¿dónde está tu victoria?  Así murió y todas las trompetas sonaron por el al otro lado”.
¡Quiera que tengamos un fin como este!  ¡Quiera que nunca olvidemos que sin pelear no habrá santidad mientras vivimos y ninguna corona de gloria cuando muramos!

[1] 2  Autor indica Libro de Oraciones que es propio de la Iglesia de Inglaterra.
[3] John Wycliffe (1328-1384),  fue un filósofo escolástico inglés, teólogo, predicador, traductor, reformista y profesor universitario,  conocido como uno de los primeros disidentes de la Iglesia Católica Romana.  John Huss (1369-1415) fue el más fiel de los discípulos de Wycliffe, pues siguió sus enseñanzas casi literalmente. Era un erudito, profesor de la Universidad de Praga, elocuente predicador y ardiente patriota. Martín Lutero (1483 – 1546 (Martin Luder -Martin Luther), teólogo, fraile católico agustino recoleto y reformador religioso alemán, en cuyas enseñanzas se inspiró la Reforma Protestante. Inauguró la doctrina teológica y cultural denominada luteranismo e influyó en las demás tradiciones protestantes. Su exhortación para que la Iglesia regresara a las enseñanzas de la Biblia, impulsó la transformación del cristianismo y provocó la Contrarreforma, como se conoce a la reacción de la Iglesia Católica Romana frente a la Reforma protestante. Nicholas Ridley (1500–1555), Obispo de Londres, fue uno de los tres mártires de Oxford del Anglicanismo. Hugh Latimer (1487–1555) Fue miembro del Clare College, Cambridge, Obispo de Worcerter antes de la Reforma y luego de la Iglesia de Inglaterra, capellán del Rey Eduardo VI.  Bajo el reinado de la Reina María, fue quemado en la hoguera, volviéndose uno de los tres mártires de Oxford del Anglicanismo
[4] John Wesley (17 de junio de 1703 – † 2 de marzo de 1791), fue un pastor anglicano y teólogo cristiano británico. Nacido en Epworth, Lincolnshire, Inglaterra. A Juan Wesley junto con su hermano Carlos se les acredita principalmente la fundación del movimiento Metodista Inglés. George Whitefield (1714 – 1770), ministro de la Iglesia de Inglaterra, fue un dirigente destacado del movimiento metodista. Llegó a ser muy conocido por su entusiasta predicación en las colonias americanas del Imperio Británico, destacándose claramente como el principal dirigente del primer movimiento evangélico en el nuevo mundo, denominado Primer Gran Despertar, una sucesión espontánea de “avivamientos” cristianos protestantes en las colonias angloamericanas. William Wilberforce ( 1759 -1833), político, filántropo yabolicionista británico, quien siendo miembro del Parlamento Británico, lideró una campaña en contra de la esclavitud.
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Capitulo 3 del libro Santidad de J.C Ryle. Estoy tomando la traducción del Blog Descubriendo El Evangelio y ha sido traducido por Erika Escobar